Maldito enero

Maldito enero

En enero se multiplican las matriculaciones en los gimnasios

Las estadísticas son demoledoras: en enero se disparan los divorcios, los fumadores que intentan dejarlo se multiplican por cuatro, la venta de cigarrillos cae un 20% y se dispara el número de inscripciones en los gimnasios. Es decir, lo de siempre: llega el nuevo año, hacemos un inevitable repaso –aunque sea somero– a lo que dejamos atrás, e indefectiblemente nos acomenten a partes iguales, sentimientos de culpa, deseos indefinibles de cambio y propósitos de emienda.

Claro que no es lo mismo quitarse de en medio a la parienta o el pariente que pasar por el síndrome de abstinencia nicotínico o luchar denodadamente contra las lorzas que hemos ido acumulando los últimos meses del año.

Quizá este último caso sea en el que alcancemos un mayor nivel de patetismo. Nos hemos puesto de mazapán hasta las cartolas, no le hemos hecho asco ninguno al turrón –blando, duro, de chocolate, el sumsum corda–, nos hemos tirado al cordero con el cuchillo entre los dientes como si nos fuera la vida en ello, hemos engullido langostinos sin cuento y no hemos dejado salsa sin barquito. Todo ello sin hablar del exceso de alcohol consumido en las fiestas.

Así que ahora no nos gusta el desparrame mollar que vemos cuando nos miramos en el espejo y aprovechamos las rebajas para comprar compulsivamente bicicletas estáticas, aparatos de fitness, rodillos amasadores de mollas, diabólicos artilugios de gimnasia pasiva –¿hay alguna expresión más contradictoria que ésta?–... Nos aprovisionamos de calentadores, chandals, cintas para el sudor y nos pasamos un par de semanas engañándonos a nosotros mismos, y como no vemos resultados inmediatos y los michelines continúan, inmisericordes, en su sitio, abandonamos toda la parafernalia y los buenos propósitos.

Y es que dicen los expertos que los resultados del gimnasio sólo empiezan a verse al cabo de los seis meses, así que ya me contarán ustedes.

En fin, que tras los excesos navideños se quiere empezar el año con buen pie y menos barriga. Y si bien lo primero puede ser plausible, lo segundo es una grasienta losa que se no va por las buenas. Paciencia y tesón, amigos.

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