El cliente

El cliente

Con nostalgia recordamos aquella máxima del comercio tradicional, del de «debajo de casa», que rezaba: «El cliente siempre tiene la razón», que era ejercido a rajatabla por adustos y rigurosos dependientes que se desvivían por atender a quien entrara en la tienda y que conocían a la perfección el género que en ella se vendía. Los cambios en las dimensiones y en las estructuras del comercio han traído una revolución también en la manera de atender al cliente. Incluso el propio cambio de denominación de quien acude a un comercio a adquirir un bien o un servicio –de cliente a consumidor– sugiere una homogeneización nada positiva. El cliente era un dios para el comerciante, que generalmente era el dueño del comercio o un familiar. Se le trataba con respeto, se atendía a sus consultas, se le solucionaban sus dudas... en fin, hasta se le daba los buenos días cuando entraba en el establecimiento, oiga. Hoy uno entra en un supermercado, en un centro comercial, en una gran superficie y lo primero que se ecuentra es un malencarado –y aburrido– guardia de seguridad que le mira a uno como si fuera José María el Tempranillo. Si uno tiene una duda, está listo. Primero, tendrá que localizar a algún empleado a quien planteársela. Localizado un propio –así como a traición– le deja a uno claro, con el gesto, con la mirada, con las respuestas a base de monosílabos, que está osando interrumpir su trabajo, molestando. Pero es que, además, no espere que el susodicho individuo le vaya a resolver su duda. Ese señor sabe de bombillas led lo mismo que de yogures con bífidus activos: nada. Lo más probable que reciba será la visión de unos párpados entrecerrados y un escueto «pregunte en información». Y si usted pretende que le atiendan por teléfono, es muy posible que al otro lado le salga una metálica y monótona voz grabada que le espete: «si quiere insultar al director de marketing, marque el 1; siquiere mentarle la señora madre al director general, marque el 2; si quiere que le devolvamos el dinero... ni lo intente. En fin, marcaremos el 2.

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