Resultante de la comunión de viejas viñas de tempranillo (80%) con la fuerza de la cabernet (20%), criado 12 meses en barricas de roble americano. Con el tiempo necesario y un sereno descanso en durmientes, ha adquirido un elegante estilo que lo hacen uno de los grandes entre las bodegas manchegas.
Los tonos rubí asoman sobre el rojo granate. Su elegante nariz, con un toque dulzón típico del roble, ensambla perfectamente con la fruta madura. Es un vino per fecto para acompañar quesos, embutidos, guisos de carne, carnes rojas y pastas.