Dulce albaricoque

Dulce albaricoque

Dulce albaricoque

La temporada frutera veraniega es toda una sinfonía de sabor, olor y color. Ahora es cuando tenemos que aprovechar las frutas en toda su plenitud, porque el encanto de los alimentos de temporada reside, precisamente, en su frescura y naturalidad. Y entre las maravillas que ofrece el mercado, destaca como producto ideal el albaricoque, considerado como uno de los más antiguos cultivos del área mediterránea.

Es una planta rosácea procedente de China, donde se cultivaba hace 2.000 años, aunque durante mucho tiempo se creyó que provenía de Armenia ­de ahí su denominación científica: Pruna armeniaca­. Se dice que en Roma se reservaba sólo para los grandes banquetes, por su elevado precio. Los historiadores atribuyen su extensión por el litoral mediterráneo a los árabes. Más tarde, los españoles lo llevaron a América, donde, a partir del siglo XVIII, se aclimató en numerosos países; sobre todo, en California. Murcia es la comunidad española con mayor producción, aunque también abunda en otras regiones levantinas y en Baleares.

Posee gran cantidad de agua, en una proporción que oscila entre el 80 y el 90%. Destaca su alto contenido en potasio y caroteno (provitamina A), que le da ese bonito color anaranjado cuando está maduro. Por su abundancia en sales minerales ­especialmente, magnesio y fósforo­, se le llama amigo de los intelectuales, pues parece que desarrolla la memoria de manera efectiva. Pero su carencia de azúcares hace que, en términos globales, resulte más nutritivo el melocotón, exquisita fruta de la misma familia.

Hay que comprarlos maduros, con la piel limpia y brillante. Popularmente, se dice que «no hay nada peor que consumir albaricoques verdes». Se utiliza mucho en la preparación de tartas, helados, batidos, macedonias, confituras, mermeladas... Una vez secos, se emplean para el envasado de la pulpa y para la elaboración de los orejones.


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