El jugoso y dulzón melocotón

El jugoso y dulzón melocotón

Melocotón

Es el momento de sacar mucho partido al melocotón. Sólo madura al sol, lo que es motivo suficiente para que sea una de las frutas más emblemáticas de nuestro país. Ahora están en su punto, pues en estas fechas ­«Por Santiago el buen melón y el mejor melocotón», nos dice el refranero­ hay variedades especialmente jugosas y refrescantes.
El melocotón silvestre existía en China hace 4.000 años y era muy apreciado porque para los chinos simboliza el árbol de la vida. A través de la ruta de la seda, se introdujo en Persia, considerado durante mucho tiempo como su lugar de origen, por lo que se le dió el nombre científico de pérsica.

Los romanos lo propagaron pro las Galias, siendo para ellos una de sus mejores frutas, magníficamente reproducida en los frescos de Pompeya. Los médicos mahometanos lo prohibieron, quedando olvidado largo tiempo. Pero los españoles lo llevaron a América en el siglo XVII, donde arraigó con profusión. Hoy es habitual en todas las zonas templadas y una de las frutas más consumidas del mundo.

De color entre amarillo y rojizo, según las variedades ­existen unas 3.000­ se caracteriza por poseer una piel aterciopelada y una pulpa muy jugosa, debido a la gran cantidad de agua que contiene (85%). En cuanto a sales minerales, destaca su contenido en azúcar y potasio. Escaso en calorías, un promedio del 50%, es rico en vitaminas A y C.

Comercialmente se clasifican en tempranos, semiprecoces y tardíos, según las fechas de su maduración. En el Bajo Aragón, se cultiva una de las más sabrosas, llamada variedad de Calanda.

Culinariamente tiene muchas aplicaciones como acompañamiento de algunas carnes. Se puede tomar sólo o en elaboraciones tan exquisitas como asados al horno, en mouses, en gratinados o por ejemplo al vino, con helado.

Receta
Este es un postre sumamente agradable y su preparación es sencilla y su coste no es nada excesivo para lo lucido y gustoso que resulta. Primero se pelan dos melocotones grandes. Se cortan por la mitad y se cuecen en un cuarto de litro de vino tinto de buena calidad, hasta que estén tiernos. A continuación se escurren y se reserva el vino para un posterior aprovechamiento.

Se baten tres yemas de huevo con unos 75 gramos de azúcar hasta que estén cremosas. Luego añadir el vino que se ha reservado y dos cucharadas de jalea. Cocer al baño maría removiendo continuamente hasta que espese la crema. Se retira del fuego pero se sigue batiendo hasta que se enfríe.

Después se reparten cuatro bolas de helado de vainilla en la copa o bol que se va a servir. Se pone junto al helado medio melocotón y se cubre todo con la crema del vino. Las cantidades especificadas son para cuatro comensales.


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