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A las judías verdes se las denominan también judías tiernas y vainas. Figuran entre los vegetales más conocidos y forman parte habitual de la dieta de los españoles desde hace muchos años, debido en parte a su facilidad para cultivar en huertas domésticas, y también por su extraordinario sabor, incluso preparadas de la manera más simple. Hervidas y con un chorrito de aceite de oliva virgen extra constituyen ya un plato delicioso y sano.
La planta de la que proceden es originaria de América –en concreto, de Guatemala y México– y se introdujo en Europa hacía el siglo XVI. En la actualidad, las vainas se cultivan en todas las regiones españolas durante el verano, pero Almería, Málaga y Canarias son las principales zonas suministradoras de judías invernales a buena parte de los países europeos.
Junto a las patatas, las vainas han sido la comida o cena ibérica, sencilla, gustosa y saludable de muchas familias durante décadas, y quizá nuestros antepasados desconocían su valor nutricional, pero era seguro que intuían su carácter sano y nutritivo. Contienen mucha agua (86%), buenos hidratos de carbono (7%), pocas proteínas (2%), apenas grasas, bastante celulosa o fibra, son ricas en potasio –que ayuda a eliminar el sodio y las toxinas–, poseen una apreciable cantidad de hierro y otros minerales, así como dosis considerables de vitamina A como betacarotenos antioxidantes.
Unos cien gramos de judías verdes aportan a la dieta la quinta parte de la cantidad recomendada de ácido fólico y vitamina B6 y un tercio de las necesidades de vitamina C diarias. Además, juegan un papel importante en la eliminación de ácidos del organismo por sus cualidades alcalinizantes, y promueven un intestino ideal en lo referente a contenido ácido.