Huevos de pascua

Huevos de pascua

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La llegada de la Pascua, tras la larga Cuaresma, se celebra en el mundo cristiano con un festival de huevos. Probablemente, fue la prohibición de comerlos durante 46 días de penitencia, decretada por la Iglesia en el siglo IX, lo que hizo tan popular su consumo tan pronto empezaba la Pascua. Los huevos se recogían y guardaban durante todos los días prohibidos, y cuando terminaba el período de ayuno, se regalaban y cocinaban en tortillas, para regocijo de todos.

Como la conservación de los huevos durante tan largo período era problemática, faltando los frigoríficos, la práctica habitual era bañarlos en cera líquida, para cubrirlos con una fina capa protectora que los mantuviera frescos. De aquí vino la costumbre de colorearlos y decorarlos, sobre todo los que se iban a regalar.

Las prácticas severas de penitencia y ayuno se suavizaron con el tiempo, pero la costumbre de celebrar la Pascua comiendo y regalando huevos ha perdurado hasta nuestros días, sobre todo en la Europa del Este. En la Francia del siglo XVI hizo furor la costumbre de decorar los huevos de primavera y los más famosos artistas de la época, competieron en hacer los más bellos diseños. En la corte de los zares, la costumbre seguía vigente a finales del siglo XIX, aunque orfebres como Carl Fabergé prefirieron hacer más duraderas sus creaciones, trabajando con oro, cristal y porcelana.

Como suele suceder con otras fiestas, debajo de estas celebraciones cristianas subyacen costumbres mucho más antiguas. Las culturas pérsicas y celtas celebran también el equinocio de primavera desde tiempos remotos regalando huevos pintados, que se compartían en señal de amistad. Una vez consumidos, las cáscaras se trituraban ritualmente como señal de que se daba por terminado el invierno.

Estas tradiciónes son antiguas, porque los huevos de gallina se consumen desde hace 4.000 años. Fue en la India donde se domesticaron las primeras gallinas ponedoras, aunque los chinos consumían huevos de patas y gansas casi dos mil años antes.

Receta: Revuelto de bacalao a la portuguesa

Se remojan y desalan 250 gramos de bacalao desmigado y se escurren. Se corta 1/2 kilo de patatas en paja y se fríen en aceite abundante hasta que estén doradas. Se escurren sobre papel absorbente. Se corta 1 cebolla en rodajas muy finas y se saltean con 3 cucharadas de aceite, hasta que quieran empezar a dorarse. Se incorpora entonces el bacalao desmigado y se revuelve durante 1/2 minuto. Se añaden 4 huevos batidos. Se calienta suavemente y cuando empiecen a coagular se añaden las patatas, se revuelve con cuidado y se sirve.


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