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JESÚS LLONA LARRAURI
Fruto de un árbol tropical de la cuenca amazónica, el Caribe, Centroamérica, África, India, que actualmente se cultiva en los climas tropicales de todo el mundo y exportan México, Brasil, Kenia y Tailandia, la papaya tiene forma alargada, pulpa anaranjada y sabor próximo al melón.
Aporta unas 40 calorías, unos pocos carbohidratos y apenas proteínas y grasa, abundantes fibras saludables, y es una buenísima fuente de betacarotenos y fitoquímicos antioxidantes que previenen el cáncer y enfermedades degenerativas. Su consumo aporta además mucha vitamina C –el doble que la naranja–, también las del grupo B con ácido fólico, un poco de E, minerales como potasio, calcio, magnesio, hierro y fósforo.
El fruto posee además dos enzimas muy peculiares, la papaína, similar a la pepsina producida por el sistema digestivo humano para desdoblar las proteínas y hacerlas asimilables y que ejerce de potente antiinflamatorio, y la carpaína, que ayuda a la digestión y mejora los problemas de insuficiencia cardiaca. Recientemente visitó Bilbao el científico Luc Montagnier, codescubridor del virus del sida, invitado por la Academia de Ciencias Médicas que le tributó un homenaje, y que alcanzó mayor popularidad al recomendar al papa Juan Pablo II un tratamiento con extracto de papaya fermentada para aliviar los síntomas del Parkinson.
Montagnier buscaba contrarrestar la oxidación y el envejecimiento humano con las vitaminas, fitoquímicos y enzimas antioxidantes de la papaya fermentada añadidos a la dieta del Papa. El equipo del científico francés investiga la eficacia del extracto de papaya en pacientes con VIH/sida porque podría fortalecer el sistema inmune aumentando los linfocitos CD-4.
La fermentación favorece la actividad enzimática proteolítica y los efectos beneficiosos de esta fruta, por lo que se incluye entre las ‘frutas-salud’ más distinguidas. En México y Brasil utilizan el interior de esta fruta para ablandar las carnes duras.