Coles contra el cáncer

Coles contra el cáncer

Coles / LV

JESÚS LLONA LARRAURI

La familia de las coles –el brecol o brócoli, la col repollo, las coles de Bruselas, la coliflor y otras como el colinabo, la lombarda o la col china, integrantes de esta familia de verduras crucíferas– son potentes armas para luchar contra el cáncer y el envejecimiento. Cada una tiene sus cualidades específicas, pero se recomienda comer la mayor variedad posible ahora que llegan los fríos. Son las campeonas del otoño-invierno.

Ricas en glucosinolatos, índoles y sulfuramos (responsables de su olor a azufre al hervirlas), está comprobado científicamente que reducen el riesgo de algunos tipos de cáncer de mucosas (estómago, colon, pulmón), así como de aquellos que dependen de hormonas (mama, próstata y ovario). El sulforano puede ser un arma poderosa contra el cáncer, según los investigadores del Instituto John Hopkins.

Las coles son ricas en betacarotenos o provitamina A, un antioxidante que previene el cáncer, el envejecimiento y las enfermedades degenerativas. También tienen una gran riqueza en flavonoides, cromo y selenio, antioxidantes, buenos para las enfermedades cardiovasculares. La fibra insoluble las hace indicadas para el estreñimiento crónico y la diverticulosis intestinal. Además, contienen vitamina C (de los 60 miligramos de la coliflor hasta los 112 del brécol), una gran aliada de las defensas inmunológicas aunque parte se pierde con la cocción.

Por otra parte, las crucíferas resultan buenas para mantener la densidad de los huesos y prevenir la osteoporosis por su riqueza en vitamina K, calcio y potasio. Incluyen cantidades relevantes de ácido fólico para prevenir malformaciones congénitas del feto, enfermedades cardiovasculares, homocisteína de la sangre y diversos cánceres. El cromo metaboliza la glucosa en los diabéticos, mientras que la fibra y la niacina rebajan el colesterol.

A veces no convienen o hay que moderar su consumo: los compuestos de azufre pueden ser irritantes cuando hay problemas renales y existen estudios contradictorios sobre el tiroides, porque para unos ayudan y otros no. La celulosa, por último, puede hacerlas indigestas y producir gases.

¿Las comemos crudas o cocidas? Mejor al dente e incluso crudas o en ensalada, para que no pierdan cualidades. Se consumen al vapor, fermentadas como el 'choucroute', en cremas, con patatas y un sofrito de ajos, en ensalada y otros. Con tomarlas una vez a la semana basta.


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