Lechugas, siempre fresquitas

Lechugas, siempre fresquitas

Lechugas

La lechuga preside la mayoría de las ensaladas y se toma cruda por lo que es posible disfrutar de todas sus virtudes nutricionales. No debemos buscar en este alimento proteínas y grasas porque su función es la de facilitarnos micronutrientes y ayudar a la limpieza del organismo.

Tiene poquísimas calorías, apenas 15 por cada 100 gramos, buen contenido de potasio –que es un excelente diurético–, aceptable cantidad de ácido fólico y hierro –con una importante función antiánemica–, otros minerales como calcio y magnesio, muy poco sodio, y vitaminas A (en forma de carotenos), C y E, además de otros flavonoides antioxidantes. Además, es una verdura que tiene bastante fibra, lo cual es muy importante para ayudar al movimiento intestinal, así como abundante agua, que ayuda a calmar la sed.

La lechuga es, en definitiva, una fuente de buenas sustancias. Entre ellas, destaca también un principio activo llamado Lactucario, afín al opio pero sin toxicidad y que posee propiedades calmantes y somníferas, por lo que es buena para dormir bien.

De hecho, los romanos la comían de postre para luego dormir la siesta . Sobresale, asimismo, otro principio denominado lactucerina, con propiedades refrescantes y favorecedoras de la digestión y la función hepática. Además, contiene un excedente alcalino elevado que compensa la ácidez de los alimentos de origen animal. Las hojas verdes contienen mucha clorofila, que favorece la secreción de leche en las madres lactantes.

En general, la lechuga se consume cruda en ensaladas, como acompañante de tomate y cebolla, entre otros ingredientes, y combina muy bien con frutos secos (que tienen mucho selenio), kiwis (ricos en vitamina C) o el aguacate (con buenas grasas saludables). Para completar ese cuadro de salud, el aliño indispensable es un buen aceite virgen de oliva, que ofrece numerosas propiedades beneficiosas para el organismo.

En relación a la preparación de la lechuga en ensaladas, lo primero que hay que tener en cuenta es su limpieza para quitarle la tierra, pesticidas o pequeños organismos. Luego, el refrán precisa: «Para limpiarla, un estóico; para sazonarla, un sabio; para avinagrarla, un avaro; para aceitarla, un derrochador; para mezclarla, un loco; y para probarla, un ‘gourmet’».


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