Un dulce 'bocado de cardenal'

Un dulce 'bocado de cardenal'

Melón

Un melón bien maduro, perfumado y lleno de jugo, es un refrescante alivio en medio de los calores del verano. Resulta, sin duda, un bocado de cardenal que afortunadamente tampoco suele faltar en mesas más modestas. Lo de bocado de cardenal no es sólo una metáfora. Cuando Clemente V dejó Roma por Avignon, en tiempos del famoso cisma, se cuenta que llegó a Francia con la tiara en la cabeza y un melón en sus brazos. Ése es el origen de los famosos melones cantalupos, que pasaron así de las huertas del Tíber a las del Ródano.

El problema de los melones es que no todos son igual de buenos. La calidad difiere mucho y es muy complicado saber, a priori, cuál es el mejor. Ya un autor francés de principios del siglo pasado escribía con un cierto pesimismo que, para encontrar uno realmente sabroso, había que probar al menos cincuenta.

Árabes y romanos

La costumbre de catar los melones ha desaparecido casi por completo en nuestros días debido a razones de higiene y economía. Sin embargo, era una práctica común hace no demasiados años. Las mujeres que iban al mercado a realizar la compra elegían con cuidado y comprobaban al tacto la madurez del fruto. A continuación sacaban del moño una aguja, con la que perforaban el melón y succionaban su jugo antes de aprobar la compra. Hoy, evidentemente, ningún frutero toleraría estos besos suculentos, ni tampoco la cata a cuchillo, que consiste en cortar un pequeño triángulo en el extremo del melón para probarlo.

El melón es una planta de la familia de las curcubitáceas, la misma que la calabaza, el calabacín y el pepino. Puede alcanzar un tamaño importante y llegar a pesar varios kilos, en función del cultivo y el agua. Como escribía La Fontaine respecto a esta planta, «Dios, en su infinita sabiduría, hizo que fuera rastrera pues si las encinas tuvieran melones en vez de bellotas, hubiera sido peligroso echar la siesta a su sombra».

A diferencia de otras curcubitáceas como la calabaza, que vinieron de América, el melón es de origen asiático. Se sabe gracias a las crónicas de viajeros y comerciantes que llegó a Europa a través de los árabes, aunque era ya conocido por griegos y romanos.

Garrafa de melón

Elegido un melón bien maduro y de buena casta, se le corta un casquete del polo donde tenía el rabo. Por este orificio se extraen con cuidado las pepitas. A continuación, el fruto se coloca en un recipiente adecuado en posición vertical y rodeado de hielo. Por la abertura se le añade un buen vaso de un vino aromático.

Un oloroso, un Pedro Ximenez o un Oporto, pueden ser adecuados. Se deja reposar al menos 3 horas, girándolo de vez en cuando, y se sirve sin sacarlo del hielo, extrayendo con una cuchara de mango largo su deliciosa pulpa macerada. Según el gusto, se pueden añadir otros frutos como uvas moscatel peladas.


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