Vegetales líquidos

Vegetales líquidos

DIVERSIDAD. Cebada, ginseng y limón con menta, tres saborizantes adecuados para el agua. / L.V.

POR: Carmen Fuentes

No es sólo un placer, sino el remedio fundamental contra la deshidratación del estío. Los aportes de agua durante estos meses, especialmente cuando la temperatura es elevada, deben aumentarse hasta el punto de que, si hacemos caso al comité de expertos de la Fundación de Investigación Nutricional (FIN), en el verano han de ingerirse en torno a los tres litros de agua al día, uno más de lo que es recomendable beber el resto del año, porque debido al calor y a la sudoración las pérdidas son mayores.

Los especialistas aseguran que a través del sudor nos quedamos sin uno o dos litros de agua por hora con una actividad física regular. Por eso, las denominadas ‘aguas del verano’, además de refrescantes, son medicinales y su ingesta resulta obligatoria. La infusión de plantas y tubérculos ha tenido siempre un poder reconstituyente. Dicen que el consumo de la horchata (agua de chufa) disminuye el colesterol malo, ése que es tan perjudicial para la salud; que el agua de limón es una fuente de vitamina C; que la de regaliz tiene un efecto antioxidante, es antiespasmódica y casi mágica y que la de cebada es depurativa, diurética, digestiva y muy útil en las diarreas.

He aquí las más tradicionales ‘aguas de verano’ y las recetas para su elaboración. Todo un paseo por los refrescos del mundo.

Agua de cebada
Bebida del Madrid castizo

Resulta curioso que la que fuera habitual bebida refrescante en ese Madrid castizo y popular del siglo XIX, de veranos largos y calurosos que tanto eco tuvieron en el costumbrismo de la época, muy bien reflejado en el genero chico, haya prácticamente desaparecido. Hoy son muy pocos los que la piden, porque son muy pocos los sitios donde la preparan. El ‘agua de cebada’ ha pasado a mejor vida que, en este terreno se llama secano. Y es una pena porque, aparte de refrescante y barata, es reconstituyente, digestiva, depurativa, diurética y calmante de los nervios. Rica en calcio, potasio y fósforo, este agua era muy útil en las habituales diarreas de verano.

Todo es cuestión de empezar a tomarla y ponerla de nuevo de moda. Si alguien se anima, he aquí su fórmula. Se pone la cebada en un colador al chorro del agua fría para limpiar los granos. Cuando el agua sale transparente, la cebada se escurre y se pasa a la cazuela para hervirla a fuego lento, hasta que los granos estén tiernos. En tres cuartos de hora ya están listos. Se cuela el líquido y se le añaden una o dos cucharadas de azúcar de caña, removiendo hasta que se disuelva. Después se le pone una piel de limón y una ramita de canela y se mete a la nevera a enfriar.
La conquista de América trajo una cocina de fusión y también unas bebidas de fusión. El agua de cebada, tan típica española, es una de las bebidas refrescantes que llevamos a aquel continente y aún hoy es tradicional del estado mexicano de Nayarit.

Agua de jamaica
Un toque ácido

Es otro de los refrescos de fusión, pues los conquistadores lo pusieron de moda en España. Originario de los países donde florece el tamarindo, especialmente en Jamaica, se hace a base de la flor de este árbol, que al ser un poco ácida da un toque muy refrescante en la boca. Se venden en herbolarios y tiendas especializadas. Hay que poner dos flores secas en remojo durante doce horas. Después, se cuelan las flores y al agua se le añade azúcar (preferible de caña) y unos cubitos de hielo.

Agua de regaliz
Aroma y medicina

La planta del regaliz sirve de base para una bebida de lo más refrescante, que además tiene numerosas propiedades curativas. Hace más de 3.000 años que los egipcios bebían el agua del regaliz y en la medicina china tradicional ocupa un puesto muy relevante porque es una planta que posee diferentes virtudes como antiespasmódico, antiinflamatorio, antioxidante y expectorante. Pero también su raíz es válida, gracias a su particular aroma, para dar sabor a multitud de golosinas y caramelos. El arbusto se da en Europa meridional, en el norte de África y en el suroeste de Asia. Se recolecta en otoño y sólo se aprovechan las raíces gordas, es decir, las que tienen un mínimo de tres años.

Como contiene glicerina, aparte de azúcares y flavonoides, el agua que se obtiene del regaliz no sólo es refrescante sino ‘mágica’, casi medicinal, porque es antiácida y mitiga o previene la inflamación de la mucosa gástrica, lo cual resulta muy interesante en el tratamiento de las patologías digestivas, que en verano suelen ser más frecuentes. Para su obtención basta con cocer el regaliz y después colarlo. Este agua no necesita azúcar porque la planta tiene un sabor muy dulce. De lo más agradable y refrescante.

Y no deja de ser una bebida exótica y sorprendente, sobre todo, para aquellos que cuando invitan a casa les gusta impresionar. También es expectorante, ligeramente laxante y espasmódica. La receta para que salga un buen combinado es la siguiente: un litro de agua hirviendo y seis cucharaditas de raíces de regaliz finamente cortadas. Se deja cocer unos cinco minutos, se cuela y se enfría o añade hielo. El agua de regaliz es también muy buena para evitar alergias y estornudos.

Horchata de chufa
Un clásico mediterráneo

La horchata de chufa era un alimento tradicional de la dieta mediterránea porque la chufa tiene excelentes propiedades nutricionales y su composición en ácidos grasos es similar a la del aceite de oliva. A la chufa le atribuyen poderes mágicos por sus propiedades cardiovasculares pues previene la arterioesclerosis, disminuye el colesterol LDL (el malo) y aumenta el HDL (el bueno), aporta minerales importantes como el potasio y el fósforo y contiene una energía fácilmente asimilable (hidratos de carbono). Su consumo aumenta los triglicéridos, modula las funciones intestinales y, debido a su contenido en aminoácidos, no produce alergias y facilita los mecanismos de defensa del intestino que, en verano, son muy importantes.

Y aunque la chufa se vende ya preparada –hay marcas que la comercializan–, lo ideal es tomarla en una terraza de la Comunidad Valenciana, con mucho calor. Pero si alguien quiere hacerla en casa y con la batidora, he aquí la fórmula. Se cogen 250 gramos de chufas secas (se ponen 12 horas en remojo y se lavan bien), 5 cucharadas de azúcar, un litro de agua y canela en polvo. Se tritura todo y la masa se deja durante dos horas en la nevera. Después se le añade el agua fría. Sólo dura dos días.

Agua de limón y menta
Refresco mágico

El limón es uno de los cítricos más agrada-bles y saludables para hacer un zumo porque, además del gran poder refrescante que da su acidez, posee unas propiedades nutritivas que previenen el cáncer, evitan problemas de circulación y alejan los resfriados y las gripes. Gran portadora de vitamina C, esta fruta facilita la eliminación de toxinas y, en zumo, es el refresco mágico de estos meses. Es el ‘agua del verano’ a ambas orillas del caluroso Mediterráneo y también de los países del Caribe. Su fórmula es muy fácil. Se exprime un limón, se le añade agua fría, azúcar moreno y unas ramitas de menta fresca. Con una cucharita se machaca un poco la menta para que suelte el aroma.

El azúcar moreno es fundamental en este tipo de bebidas estivales por su textura y sabor. Es mucho más grande y crujiente que otros azúcares y muy rico en fibra, vitaminas y minerales. Además, tiene un aroma intenso. Fueron los árabes quienes lo trajeron a España, donde se implantó como una especie alimenticia más para perfumar platos. Además, el azúcar es el único carbohidrato que nos proporciona energía inmediata y está muy recomendado en personas mayores dado que, con su agradable sabor, les facilita el consumo de otros alimentos necesarios como los lácteos, los cereales y las frutas.

Leche Merengada
Helado tradicional

Ha sido durante mucho tiempo el ‘helado’ de las noches de verano en muchos pueblos de España, especialmente de los del Mediterráneo, y también de Madrid, antes dela llegada masiva de los helados y refrescos industriales. Es muy rica, muy nutritiva y su elaboración no ofrece grandes dificultades. Se pone un litro de leche y unos 150 gramos de azúcar (depende de lo goloso que se sea), una piel de limón y un bastoncito de canela. Se deja hervir tres minutos para que se disuelva por completo el azúcar.

Cuando está fría se pone en una sorbetera y en el momento en que empieza a tomar cuerpo se le añade el merengue, que no es otra cosa que tres claras de huevo montadas a punto de nieve, a las que se agrega después una cucharada de azúcar glasé. Se mezcla hasta conseguir la consistencia deseada. Después se le añade un poco de canela en polvo. Si no tiene sorbetera, no importa. Métalo en el congelador hasta que se vaya a tomar. El truco para que esté rica es sencillo: servirla muy fría.


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