Una lady cocinillas en la corte de Felipe IV

18-04-2018

Una lady cocinillas en la corte de Felipe IV

COLPISA.Ana Vega Pérez de Arlucea

«Madrid, 10 de agosto de 1665. Para hacer lemonado, coge un galón de agua de la fuente y dos cuartos del mejor vino blanco, echa dentro de ellos tres grandes limones, con piel y todo, cortados en trozos de una pulgada, exprime también el zumo de un limón entero y agrega libra y media del mejor azúcar blanco». Así comienza la receta más antigua (que yo sepa) de limonada de vino, ahora mundialmente conocida como sangría. Y la persona que la escribió no era profesional de la cocina. Ni siquiera de origen español; fue una mujer inglesa, una extranjera amante de nuestra gastronomía cuya vida daría al menos para tres telefilmes de esos de después de comer: lady Ann Fanshawe (1625-1680).

     Ann Harrison, hija de un miembro del parlamento británico, crece entre la flor y nata londinense tomando té y bordando trapitos hasta que estalla la guerra civil inglesa y tiene que huir con lo puesto siguiendo a su padre, partidario de la monarquía. En el exilio conoce a un primo segundo del que se enamora locamente: Richard Fanshawe (1608-1666), diplomático al servicio del bando realista además de lingüista y poeta. Se casan en 1644, comen perdices y son felices mientras viajan de país en país en distintas misiones diplomáticas: Escocia, Irlanda, Francia, Holanda, Bélgica, Portugal y finalmente España, país que sir Richard conocía muy bien al haber estado previamente destinado en Madrid tres años.

     En enero de 1664 Richard Fanshawe es nombrado embajador en España por el recién instaurado rey inglés, Carlos II, y viaja a Madrid con toda su familia, instalándose en la Casa de las Siete Chimeneas. Terminada la guerra angloespañola de 1655-1660, la misión de sir Richard era negociar las condiciones del tratado de paz entre ambos países, así que rápidamente intenta congraciarse con Felipe IV. Entretanto, nuestra amiga Ann se dedica a conocer Madrid, practicar el idioma español y hacerse amiga de la joven consorte Mariana de Austria.

     

     La alimentación en tiempos de Felipe IV

     

     Ann Fanshawe era muy observadora y llevaba un diario gracias al cual en 1676 pudo escribir unas completísimas memorias en las que recuerda lo que comían los monarcas españoles: chocolate y dulces para desayunar, carne asada para comer (sobre todo perdices o capones) y como bebida agua helada con nieve o limonada, la misma cuya receta apuntaría en agosto de 1665.

     Frente al habitual desdén con el que los extranjeros trataban en aquella época la cocina española, lady Ann se erigió como admiradora de nuestra gastronomía demostrando un profundo conocimiento de ella. En sus memorias alabó la excelencia de los vinos españoles y de nuestra harina, con la que según ella se elaboraba el mejor pan del mundo. «El tocino es increíblemente bueno y la ternera de Segovia más grande, blanca y grasa que la inglesa. Tienen las mejores perdices que he comido nunca y las mejores salchichas, salmones y besugos, que mandan encurtidos a Madrid en lo que llaman escabeche [.] La nata es mucho más dulce y espesa que la inglesa y sus huevos también superan a los nuestros [.] En España he comido bizcochos, pasteles, quesos y excelentes dulces, especialmente el manjar blanco. Y las mejores aceitunas que se puedan encontrar», escribe.

     Pero la vida de nuestra lady no fue todo comer y cantar. Sufrió seis abortos, tuvo catorce hijos (uno de ellos en Madrid) de los cuales nueve murieron siendo niños y para colmo de males su marido murió repentinamente en 1666, dejándola sola y desamparada en un país extranjero. Mariana de Austria, viuda y regente desde poco antes, le ofreció una fortuna por quedarse en España y convertirse al catolicismo, pero nuestra heroína rehusó el ofrecimiento y puso rumbo a Inglaterra, donde moriría en 1680.

     

     Las recetas españolas de Lady Ann

     

     Dos años antes de fallecer Ann regaló a su hija Katherine un libro encuadernado en piel con casi quinientas páginas escritas a mano. Era su recetario personal, en el que había ido apuntando fórmulas de cocina, belleza y salud desde el año 1651. Esta joya gastronómica, conservada en la Wellcome Library de Londres, contiene numerosas recetas escritas por lady Fanshawe durante su estancia en Madrid, fechadas entre noviembre de 1664 y agosto de 1665 «in our house of Siete Chimeneas at Madrid».

     Además de la limonada de los reyes consignó recetas como olla podrida, chocolate, escabeche de besugo o trucha, agua de canela, garrapiña de leche de almendras, manjar blanco, cerdo adobado, hipocrás «que excede a cualquier otro» y métodos para curar panceta al modo español, perfumar cuero, guantes o fabricar pastillas de olor.

     En Gran Bretaña lady Ann Fanshawe es famosa no sólo por haber escrito las memorias femeninas más importantes del siglo XVII, sino también por ser la autora de la primera receta de helado en inglés. No estaría mal que aquí recordásemos su amor por la cocina española y la homenajeáramos como pionera de la sangría. Inglesa tenía que ser.


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