De la madre Rusia ("Rossiya matushka")

25-02-2014

De la madre Rusia (

Caius Apicius.EFE
Una de las cosas que más me gustaba en mis años de estudiante era ir a comer "fuera", cosa que ocurría sólo cuando aparecía un mecenas, normalmente mi padre, que financiaba el evento. Yo procuraba elegir un restaurante en el que nunca hubiera estado, cosa entonces fácil, porque mi experiencia era muy limitada.

Una vez sentado a la mesa y leída la carta, pedía un plato que no hubiera probado antes. Uno de ellos fue el llamado "solomillo Strogonoff". El "maître" me informó de que se trataba de carne de buey cortada en tiras y servida con una salsa cremosa y picante.

Me gustó. Tendría yo entonces diecisiete años; desde entonces lo he frecuentado poco. Pero el otro día, en casa, decidimos resucitar la receta y nos pusimos manos a la obra.

Lo primero, a localizarla. Inútil empeño: en mis libros de cocina clásica de cabecera, desde "Ma Cuisine", de Auguste Escoffier, a "La Cocina Completa" de la marquesa de Parabere, no aparecía la receta, que busqué en la primera edición del "Larousse Gastronomique", la de 1938, y tampoco encontré, aunque mucha gente asegura que sí, que está allí. En la entrada "boeuf", desde luego, no.

Pero fuimos aprendiendo cosas. Por ejemplo, que se suele atribuir este plato al cocinero del aristócrata ruso Pável Aleksándrevich Stróganov, que vivió (no demasiado) entre los siglos XVIII y XIX.

Formado en Francia, es muy posible que su cocinero fuera francés, algo frecuente en la nobleza rusa de la época. De todos modos, no faltan quienes se lo adjudican a otro personaje, Aleksandr Grigórovich Stróganov. Vaya uno a saber; el hecho es que el plato parece provenir de la cocina tradicional rusa, y pienso que fue adaptado por el cocinero de alguno de estos dos Stróganov.

¿Stróganov? Entonces, ¿por qué se le llama Strogonoff? Es, sencillamente, la versión francesa del nombre ruso: los vocablos rusos solían, en su paso del alfabeto cirílico al latino, hacer escala en Alemania.

La letra uve, en alemán, se pronuncia efe, así que los franceses se fiaron de esa efe y la pusieron, y encima duplicada, en vez de la uve original. De paso, se afrancesó más la palabra haciéndola aguda, en vez de esdrújula. Y como aquí, en nombres rusos, bebemos del francés, pues Strogonoff, como Romanoff.

De una u otra forma, y a partir de aquí usaremos la original, el buey Stróganov es un plato de la cocina clásica, que hoy no pasa por momentos de mucha popularidad. Y es una pena, porque, si se hace bien, está muy rico.

No es obligatorio hacerlo con solomillo de buey; pueden usarse otros cortes y de otros animales, como la ternera; incluso las pechugas de un pollo de corral ya casi gallo quedan muy bien "a la Stróganov".

La receta es rentable para los restaurantes, ya que se suele utilizar para ella lo que llamamos puntas del solomillo, piezas que, por tamaño y forma, no son aptas para un "châteaubriand", un "tournedos" ni un "filet mignon". No tienen presencia, y esta fórmula permite llevarlas a la mesa; al fin y al cabo, no deja de ser solomillo.

Para nuestro buey Stróganov partimos de aproximadamente medio kilo de solomillo, que cortamos no en tiras finas, ni en dados, sino en una suerte de lingotes de un centímetro de grosor, procurando que quedasen todos del mismo tamaño.

Una vez salpimentados, los pusimos en una sartén antiadherente en la que habíamos calentado un par de cucharadas de aceite virgen. Sellamos la carne por todas partes, operación que ha de ser breve para evitar pérdida de preciosos jugos. Retiramos los lingotes y los pusimos en un plato, tapados con otro para mantenerlos calientes.

A la misma sartén fueron una cebolla dulce cortada en juliana fina y dos chalotes finamente picados. Les pusimos sal y los hicimos entre tres y cuatro minutos, sin que llegasen a tomar color. Añadimos una copita de armañac (pueden usar brandy) y dejamos que se evaporase el alcohol.

Así las cosas, incorporamos al conjunto un cuarto de kilo de champiñones de París, perfectamente limpios (no duden en lavarlos, no hagan caso de quienes dicen que las setas, hijas de la lluvia, no deben lavarse) y cortados en cuartos. Los hicimos unos minutos más.

Fue el momento de poner en la sartén dos decilitros de nata. Si tienen crema agria, úsenla; nosotros "agriamos" un poco esa nata añadiendo media docena de pepinillos en vinagre, pequeñitos, cortados en láminas sesgadas y finas.

Así, además del punto ácido, añadimos otra textura, un agradable "crunch". Tras un hervor suave, una buena cucharada de mostaza, pongamos que de Dijon; ustedes verán cuál es el punto de picante que desean y obrarán en consecuencia.

Bien mezclado todo, hicimos un hueco en el centro para la carne, dimos un calentón a todo junto. Y a la mesa, en la que, pese a tratarse de un plato de la madre Rusia, no esperaba una botella de vodka, sino un excelente tempranillo del 2005, perfecto para acompañar este plato, en cuyo honor brindamos con un "na zdorovie".


Buscador

El Almirez

La cocina de cada día
de Pachi Larrosa.

Zarangollo con virutas de sepia
Zarangollo con virutas de sepia

Pelamos las cebollas y patatas, al calabacín le quitamos ambos extremos; a continuación cortamos estos ingredientes a rodajas, siendo las patatas más gruesas que el resto. Ponemos ...

(+) Más recetas de restaurantes.
ENVÍA TUS RECETAS
Envía tus recetas

Comparte tus recetas de cocina con los usuarios de laverdad.es

(+) ENVIAR.
CRÁPULA 2008
CRÁPULA 2008

CRÁPULA VINOS Gabriel Martínez Valero Wine Manager Teléf. 662 380 985 968 781 855 e-mail: gmartinez@vinocrapula.com

(+) Más catas de vinos.