El zumo imposible

16-08-2013

El zumo imposible

Caius Apicius-EFE. La frase seguramente más repetida de las atribuidas a Ortega y Gasset es la que se refiere a que cada cual es él y su circunstancia. Cambiemos ligeramente el final, y digamos que cada uno es él mismo... y sus costumbres. O sus manías. Al fin y al cabo, también se ha definido al ser humano como "animal de costumbres".

En mi caso, una de mis costumbres, o manías, o ritos, es empezar la jornada, todos los días del año, con un vaso de zumo de naranja recién exprimido. Luego vendrá el resto del desayuno, que no suele ser complicado y sí de lo más convencional. Pero, para empezar, mi zumo de naranja fresco.

Ah, pero... llevo unos cuantos días dando vueltas por ahí adelante, en varios hoteles. Normalmente bajo a desayunar al buffet, aunque hago un desayuno bastante parco, en el que domina la fruta veraniega. Pero lo que me tiene mártir es que, al parecer, no hay hotel que se moleste en exprimir naranjas para servir su zumo en los desayunos. Una excepción: algunos de los hoteles llamados "con encanto".

Usted va a desayunar al bar de la esquina, pide un zumo de naranja... y normalmente se lo hacen. En la máquina esa que hay en todas partes, pero se lo hacen y se lo sirven. Mejores o peores naranjas, nacionales o exóticas según temporada, pero naranjas de zumo. En los hoteles, no hay manera: zumo de caja. O de bote. No de naranja-naranja.

Durante muchos años la gente se metía mucho con los zumos de naranja que se ofrecían a bordo de los aviones: eran de bote. Lo mismo ocurre con los que se suministran en el AVE.

Uno puede entender que en un avión no sobra el espacio, como no sobra en la dependencia del tren dedicada a menesteres culinarios, así que no va a pedirle peras al olmo ni zumo natural a una azafata, sea aeromoza o ferroviaria. Pero, hombre, en un hotel de cuatro o cinco estrellas...

Baja usted a desayunar y se encuentra una sala por la que pululan no pocos empleados del establecimiento, que van de un lado a otro, muy activos, aunque a veces uno no sepa muy bien a qué viene tanto tráfago. Por supuesto, hacer zumo cada rato para llenar la jarra de la que se sirven los clientes precisa el trabajo de una persona. Y debe de ser un grave problema formar expertos en exprimir naranjas, porque no las exprime nadie: es más fácil abrir la cajita, o el bote. Y, sin embargo, muchas veces hay jarras con contenidos extraños: zumo de melón y piña, de manzana y zanahoria... De naranja-naranja, no.

Pero, claro, lo que viene envasado es lo que tiene: lleva algún tiempo en esas condiciones. Y, además de (supongamos) zumo de naranja (procedente de concentrados: como decía Miguel Gila, primero le quito el agua y luego se la vuelvo a poner), hay aromatizantes, colorantes y conservantes, todos ellos camuflados bajo letras y números de un código que muy poca gente tiene ocasión de consultar.

El problema es que esas sustancias no saben a zumo de naranja. Y lo peor es que confieren al zumo un sabor característico, inconfundible, del que se puede decir cualquier cosa menos que es natural.

Entiendo que un zumo que va a envasarse necesita un conservante; todos sabemos que si hacemos un zumo de naranja y lo olvidamos un rato, se disocia. De modo que no me voy a cebar con los zumos comerciales: son así, y punto. Si lo quieres lo tomas (caso del minibar de la habitación) y, si no, lo dejas.

Pero lo que, en mi humilde pero firme opinión, clama al cielo es que en el buffet del desayuno de los hoteles se suministre al cliente ese tipo de zumo... porque, además, en el antes mencionado bar de la esquina donde le hacen a usted en un periquete su zumo natural le cobran por desayunar algo así como la cuarta o quinta parte de lo que le van a cargar en cuenta en el hotel por el concepto "desayuno".

En fin, que vuelvo a casa, lo que significa que volveré a empezar el día con un zumo de naranja recién exprimido. Ya sé que el verano no es época de naranjas autóctonas, y he de apelar a las que encuentro en el mercado, uruguayas, argentinas o sudafricanas. Pero suelen ser "valencia late", y dan buen zumo.

De todos modos, les tengo que confesar que justamente cuando es temporada de naranjas, en invierno, es cuando menos zumo de naranja tomo en el desayuno. Es que... en esa época también hay mandarinas. Y no se imaginan ustedes, si no lo han probado, lo bien que se empieza el día con un zumo de mandarinas. Recién hecho, por supuesto. Una delicia.


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