Macarrones: un trocito de Italia

23-11-2011

Macarrones: un trocito de Italia

Caius Apicius, EFE. Es muy probable que si le hablamos a alguien de Italia acabe pensando en un plato de pasta; pero es seguro que si el proceso se hace al revés y de lo que se habla es de macarrones, nuestro interlocutor los asocie inmediatamente con Italia y su cocina.

Es una asociación de ideas como tantas otras, y quizá más automática que las de la paella con España o el foie-gras y el champagne con Francia. Para muchísima gente, Italia es... un plato de pasta.

Y, dentro de la pasta, de macarrones. Porque los macarrones son un símbolo de Italia en todo el mundo; para bien... y para mal, pues los italianos fueron llamados despectivamente "maccaroni" o "macarroni" en los países a los que llegaban los numerosos emigrantes que dejaban Italia.

Veamos, ante todo, qué entendemos por macarrones. Para nuestro Diccionario, se trata de una "pasta alimenticia de harina que tiene forma de canuto más o menos alargado".

Bien, más o menos es así, y, sobre todo, así ha sido en España, donde los macarrones fueron durante mucho tiempo la pasta más popular, dejando aparte las pastas para sopa y, en Cataluña, los canelones navideños. Los espaguetis, las lasañas y las pizzas son cosas que por aquí se aceptaron mucho después.

En Italia, por macarrón se pueden entender muchas cosas. Generalmente, se llama macarrón a cualquier tipo de pasta de sémola en forma de tubo -el canuto del DRAE- corto o largo, con agujero pequeño o grande y diversos espesores en las paredes. En algunas zonas del sur de Italia, en la Campania, sin embargo, puede llamarse macarrón cualquier tipo de pasta.

Los macarrones son apreciados y consumidos en todo el mundo, porque en todo el mundo hay restaurantes italianos, como hay restaurantes chinos. No es que italianos y chinos sean los pueblos más emigrantes del planeta, pero sí que les gusta llevarse parte de su propio mundo cuando dejan su tierra.

Y una parte importante de ese mundo es... la comida. Hacen bien: mantener la comida propia es una muy grata manera de mantener la propia alma.

Si añadimos a esto que la cocina de la pasta es sencilla, barata y rápida, no nos puede extrañar que apenas haya ciudad importante en la que no encontremos un "ristorante italiano" o, al menos, una "trattoria". Sin duda hallaremos también unas cuantas "pizzerias", pero eso es cosa de napolitanos y entra más en la categoría de "fast food".

Otro motivo del éxito universal de los macarrones: a los niños les suelen encantar. Unos macarrones con tomate, sin más, son de las pocas comidas que no discuten. Y los macarrones son mucho más fáciles de comer que los espaguetis, así que...

Durante mucho tiempo se creyó que los macarrones, la pasta, fue algo que trajo de China el mismísimo Marco Polo. A Polo se le atribuyen cosas que no hizo, como introducir la pólvora en Europa cuando ya en el asedio de Niebla por las tropas de Alfonso X, en 1262, se usaron armas de fuego. Polo regresó de China definitivamente en 1295, y hay un documento, un inventario de bienes, fechado en 1279, que menciona: "barixela una plena de macheronis", o sea, un barrilito lleno de macarrones.

Hoy se admite que la pasta, descontadas teorías que atribuían su paternidad nada menos que a los etruscos, pueblo del que sabemos muy poco, ha tenido su cuna en China. A Europa llegaría, como tantas otras cosas orientales, en manos de los árabes que la habrían introducido en Sicilia, de donde habría pasado a la península italiana. Muy lógico, pero a mí me falla por algún sitio.

Porque los árabes introdujeron muchos alimentos en Sicilia, pero también en España. Prácticamente los mismos, y al mismo tiempo. ¿Por qué la pasta se habría de quedar en Sicilia, sin llegar a la Península Ibérica? Porque por aquí no hay referencias más que a diversos tipos de fideos, a la llamada aletría.

¿Fue una muestra lo que dejaron los árabes en Sicilia y España, muestra que en Italia se desarrolló y en España se ignoró? Como quiera que fuera, la pasta es, hoy, la más popular y conocida imagen de la cocina italiana. Y el mérito no es de los chinos, ni de los árabes, sino de los italianos.

Macarrones. Capaces de recorrer toda la escala social culinaria, porque tan ricos están unos sencillísimos macarrones con chorizo como otros gratinados... por no citar esa cumbre de la cocina que es el timbal de macarrones, algo que puede ser tan majestuoso como el que describe en "El Gatopardo" Giuseppe Tommasi di Lampedusa cuando narra la cena de bienvenida que el Príncipe de Salina ofrece a sus amigos en Donnafugata.

Lo importante es que allí donde haya un plato de macarrones habrá un trocito de Italia. En eso, los italianos nos sacan muchísima ventaja: saben vender muy bien lo que tienen, sencillamente porque lo que tienen es muy bueno y, por tanto, muy fácil de vender


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