No juegue con la comida

10-01-2007

No juegue con la comida

BUEN PROVECHO. El doctor Juan Madrid, junto a su hijo Antonio Madrid, durante una comida en el jardín del domicilio familiar. / ENRIQUE MARTÍNEZ BUESO

Aunque nuestra Navidad no se haya parecido en nada a la que relata el poeta Dylan Tomas en Navidad de un niño en Gales, el hermoso texto poético en el que despierta el apetito una sublimada tarta de helado que, a la hora del té, «señoreaba en el centro de la mesa como un mausoleo de mármol», lo cierto es que han sido muchos los alimentos terrenales que -seguro, seguro- nos han hecho engordar. Y, ahora, ¿uf!, las lamentaciones de Jeremías son un juego de niños al lado de nuestros tormentos. Y nos lanzamos a todo tipo de dietas: de la alcachofa a la radical del sirope de arce. Cuidado: de ponerse a régimen a hacer el tonto perdido hay sólo un paso; de tener la intención de ganar en imagen a poner en peligro nuestro organismo y nuestro futuro sólo hay otro paso: hambre, riesgo, humor por los suelos, mal sabor de boca y, al final, otro fracaso más. No sólo de pan vive el hombre, pero las penas con pan son menos: y gordos seguimos.

¿Cuidado con las dietas elegidas! Sobre ellas, las no recomendables, advierte con claridad el libro Pierde peso, invierte en salud, que ha escrito Juan Madrid -presidente de ADEBA (Asociación para la Defensa y Promoción de la Buena Alimentación)-, en colaboración con su hijo, Antonio Madrid Gomariz. Las advertencias son claras y tiran muchos tópicos por tierra. Por ejemplo, «hay una dieta que se llama dieta hídrica». En este caso, «la alimentación se reduce a agua y unos complejos de vitaminas y minerales». En principio, ¿claro está!, es con la que más peso se pierde puesto que no se ingieren calorías, además de que, finalmente, no se tendrá sensación de hambre a pesar de que no se tomen alimentos. Pero, ¿ojo!, porque «al quemar sus propias proteínas para obtener azúcar, el organismo las perderá de sus músculos y además no podrá efectuar las reparaciones precisas. Por tanto, los distintos órganos, sobre todo los músculos, comenzarán a deteriorarse y funcionarán peor. Y recordemos que el corazón es un órgano fundamentalmente muscular». No es una broma: «Si la persona sigue con esta dieta, al final morirá por fallo proteico, puesto que el corazón, al carecer de proteínas con las que hacer sus reparaciones, dejará de funcionar bien y fallará».

Por lo que respecta a otras dietas de muy bajo contenido calórico -que tienen entre 500 y 800 calorías si se utilizan alimentos naturales-, actualmente existen una serie de preparados en polvo o en líquido que aportan una cantidad importante de proteínas, vitaminas y minerales; en total aportan unas 400 calorías al día. Son ejemplos de estas dietas preparados como Optifast, Biomanán, Dieta Cambridge, etcétera.

Estas dietas, entre otros inconvenientes, incluyen el de que «el organismo, al detectar que están llegando pocas calorías, reduce drásticamente sus necesidades de energía y gasta mucho menos, lo que impide que se pierda el peso deseado». En cualquier caso, eso sí, «deben de ir acompañadas siempre de una ingesta de 2 o 3 litros de agua al día. Además, con frecuencia se produce un aumento de ácido úrico».

Otra dieta típica es la llamada dieta rica en grasas y muy pobre en hidratos de carbono. Una dieta conocida por muchos como dieta del doctor Atkins. Atención a ella, porque si bien «el paciente pierde el apetito y come menos sin necesidad de tomar ninguna sustancia», entre las alteraciones que produce hay que citar: aumento del colesterol en la sangre, debido a la gran cantidad de grasa que se toma; y aumento del ácido úrico, producido por la quema de proteínas».

Juan Madrid deja claro que «una dieta muy rica en grasa y pobre en hidratos de carbono no se debe hacer». Y añade: «Esto lo saben la mayoría de los facultativos que la mandan. ¿Por qué la mandan entonces? ¿Será para engañar a la gente y ganar dinero? Yo no lo sé, aunque me lo imagino. Habrá que preguntárselo a ellos». Al grano: «Toda dieta que prohíba el pan, las patatas, los cereales, poca fruta, o sólo deje tomar muy pequeñas cantidades de estos alimentos y, sin embargo, permita tomar libremente carne, pescados, huevos, queso, fiambres, etcétera, pertenecerá a este grupo de dietas. Cuidado con ellas y con los que las prescriben».

A propósito de la conocida dieta de Montignac, dice Madrid: «Efectivamente, está muy de moda actualmente. Siempre se ha dicho que las medias verdades son peores que las mentiras porque son más difíciles de detectar, y esto es lo que sucede con la dieta que recomienda este señor». «Según Montignac -explica-, debemos evitar los alimentos con un índice glucémico alto y esto es correcto, y se permite comer alimentos con índice glucémico bajo, es decir, permite comer arroz integral, guisantes, legumbres, frutas, que también es correcto; sin embargo, deja comer libremente carne, pescado, fiambre, quesos. Esto no es correcto». Por otro lado, «permite tomar una cierta cantidad de alcohol, que hace que todavía haya muchas más personas que sigan esta dieta, que insisto, es perjudicial para el organismo porque se pierde masa muscular y aumenta el colesterol y los triglicéridos en sangre, favoreciendo la arteriosclerosis».

Quienes han seguido este tipo de dietas saben «que los primeros días se pierde bastante peso, pero a la semana o diez días la pérdida disminuye y al cabo de un mes se hace muy pequeña».

Otra dieta muy de moda últimamente es la llamada dieta disociada, que «se basa en no tomar juntos alimentos que tengan hidratos de carbono con los que tengan proteínas. En principio esto es imposible, porque hay alimentos que en su composición tienen hidratos de carbono y proteínas, como por ejemplo el pan. Una dieta disociada hace que los alimentos que se toman sean menos apetitosos y se coma menos. ¿Qué le gustaría a usted más para comer, paella de marisco o arroz cocido?».

En sí esta dieta no es muy peligrosa, puesto que al cabo del tiempo el organismo recibe la cantidad apropiada de hidratos de carbono, proteínas y grasa. Ahora bien, «se convierte en peligrosa si le añadimos algún componente más como hacerla muy pobre en energía o quitar gran parte de los hidratos de carbono». «Cuando las cosas se llevan a los extremos de insensatez en la disociación», precisa Madrid, «se cae en dietas realmente peligrosas, como las que proponen comer cada día de la semana un tipo de alimento distinto.

Falsedades

Junto a las dietas a base de sopas quita grasas, figuran algunas muy prestigiosas como la dieta de la Clínica Mayo. «Diré, en primer lugar, que la famosa clínica Mayo de EE UU niega categóricamente que ella sea la patrocinadora de esta dieta. Se trata de una dieta hipocalórica, 800 calorías al día a base de fruta, verdura, muy poca carne y poco aceite. En resumen, una dieta muy hipocalórica y desequilibrada», advierte. Además, nos encontramos con la dieta de los astronautas, «a base de verduras y un poco de carne a la plancha o un huevo. Una dieta muy mala, con pocas calorías -400 o 500 al día-, déficit de proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales. O la dieta Prittikin, «a base de cereales, frutas y verduras» y totalmente incorrecta; o la dieta macrobiótica, «forma extrema de vegetarianismo».


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