La ciencia del vino

24-10-2006

La ciencia del vino

Vino tinto

Una avalancha de estudios científicos elaborados por investigadores de todo el planeta ha confirmado, por si quedaban dudas, los efectos beneficios que reporta un consumo moderado de vino. El corazón es el principal beneficiario de uno de los elementos primigenios de la dieta mediterránea, aunque beber una o dos copas de tinto reduce también los riesgos de padecer colesterol malo y cáncer. Los científicos añaden que el abuso echa por tierra los aspectos positivos, pues dos nunca ha sido sinónimo de veinte.

La paradoja francesa

El profesor Serge Renaud, director de la Unidad de Investigación de Nutrición y Cardiología de Lyon lo llama la ‘Paradoja francesa’. Los franceses comen queso, mantequilla y grasas animales y sus tasas de colesterol en sangre son elevadas, pero la mortalidad coronaria, muy baja. Los ciudadanos que viven en el sur del país consumen carne de pato rica en grasas monoinsaturadas (como el aceite de oliva) y todavía se alejan más de las enfermedades coronarias que el resto de los ciudadanos franceses. ¿De qué privilegio disfrutan?

El vino, en pequeñas cantidades, es un agente terapéutico si se toma mientras se come, porque sus componentes son magníficos antioxidantes que previenen las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Los estudios del Instituto Nacional de la Salud, de Francia son significativos: el consumo de dos-tres vasos diarios de tinto hacia disminuir el riesgo de muerte por infarto de miocardio y por apoplejía en un 33%.

Combatir el frío

La cifra de enfermedades cardiovasculares en Dinamarca descendió un 30% en los últimos 15 años, mientras los daneses aumentaron el consumo de vino otro 30%. El estudio se hizo sobre 6.051 hombres y 7.234 mujeres en un periodo de 12 años y sus autores llegaron a una conclusión muy clara: «Los bebedores regulares de vino tienen cifras de mortalidad inferiores a los que no beben nunca».

Médicos cobayas

La prestigiosa ‘The New England Journal of Medicine’ ha publicado los resultados de un estudio prospectivo de 22.071 médicos varones con edades comprendidas entre 40 y 84 años, indicando que el consumo bajo o moderado de vino reduce el riesgo total de sufrir un ictus isquémico.

En las mujeres

Un estudio publicado en la revista científica ‘Annals of Internal Medicine’ explica que consumir vino de forma moderada puede reducir significativamente el riesgo de desarrollar hipertensión entre mujeres de edades comprendidas entre 25 y 42 años. Los expertos censaron la reducción del riesgo hasta en un 14% en comparación con las jóvenes no bebedoras. La investigación se hizo sobre una muestra de 70.000 enfermeras cuyo historial médico se estudió desde 1989, puntualizando que cuando el consumo era superior a 10 copas a la semana, el riesgo se incrementaba un 30%.

Más no es menos

Dos vasos de vino al día reducen a la mitad el riesgo de sufrir un segundo infarto u otro tipo de complicación cardiovascular, tras un seguimiento de cuatro años realizado en la Universidad Joseph Fourier de Grenoble, Francia. El mayor índice de casos, 34%, se produjo en pacientes que no habían consumido vino, seguido por los que bebían menos de dos vasos al día, mientras los que bebieron dos vasos de vino al día se situaron en un 16%. La dieta mediterránea que incluye cantidades moderadas de vino, disminuía en un 70% las afecciones cardiovasculares o fallecimientos después de padecer un ataque cardíaco.

También ginebra

Bajo el titulo de ‘Vino y enfermedades cardiovasculares’, Ramón Estruch, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínico de Barcelona, presentó un estudio destinado a dar a conocer los mecanismos que se ponen en marcha ante la ingesta regular y moderada de vino. En el estudio comprobó que tanto el consumo de caldos y de ginebra reducían los niveles de factores sanguíneos causantes de inflamación, la proteína C reactiva, el fibrinógeno y la interleukina alfa, lo que indica que el efecto antiinflamatorio de las arterias se debía al etanol, alcohol contenido en las dos bebidas.

Sin embargo se vio que sólo tras el consumo de vino, y no de ginebra, se reducían significativamente los niveles de ciertas moléculas de adhesión, por lo que este mayor efecto antiinflamatorio del vino debe atribuirse a los componentes del vino que no son alcohólicos, sino a los polifenoles, de una gran capacidad antioxidante.

Las conclusiones parecen claras: reduce la incidencia de cardiopatía isquémica entre un 10% y un 30% en los sujetos sanos y entre un 30 y 40% en pacientes con enfermedad coronaria; aumenta el HDL o ‘colesterol bueno’ en 3,99 mg dl.; diminuye el riesgo de cardiopatía coronaria un 16,5%; reduce la oxidación del LDL o ‘colesterol malo’; inhibe sensiblemente la agregación de plaquetas a la pared arterial, frenando la aparición y progresión de la arteriosclerosis.

Plaquetas

Un estudio elaborado por el Centro de Investigación de Barcelona valoró que el consumo moderado de vino, un vaso al día, reduce entre un 30 y 40% la deposición plaquetaria en la pared celular y por tanto, inhibe la formación de trombos.

Uno o dos vasos

El equipo dirigido por los doctores Álvaro Urbano-Vázquez y Ramón Estruch, comprobó que el consumo moderado de vino –30 gramos al día para los hombres y 15 para las mujeres– equivalentes a dos y un vaso respectivamente reduce hasta un 96% la aparición y progresión de la arteroesclerosis y previene los infartos por las características antiinflamatorias y antioxidantes de esta bebida alcohólica. A todos ellos se les pidió que bebieran dos vaso de vino al día durante un mes, y al mes siguiente debían tomar esta misma cantidad de alcohol, pero de ginebra, una bebida que no contiene polifenoles.

Las causas

¿Qué tiene el vino para ser responsable de efectos beneficiosos para la salud? Los polifenoles, sustancias que antes conocíamos como taninos. Son las catequinas y la quercetina, abundante en los vinos tintos, que ayudan a mantener limpias las arterias y contribuyen a evitar enfermedades cardiovasculares. La extracción de los compuestos fenólicos comienza con el pisado de la uva y sigue durante la maceración y fermentación. La piel del grano contiene también flavonoides, antocianos que dan color al vino, y resveratrol, sustancias de gran capacidad antioxidante que protegen a las lipoproteínas LDL o colesterol malo de la oxidación, porque cuando este fenómeno sucede esta afección pasaría a iniciar o engrosar una placa de ateromas en el interior de las arterias.

CONSEJOS

Es una bebida para adultos sanos, no para gestantes, niños y bebedores compulsivos.

No consuma vino en ayunas.
FConviene beberlo en familia, con los suyos dentro del mejor estilo de vida de los países mediterráneos.

Deguste el vino con sus hijos adultos y reflexione sobre el placer de esta bebida.

El vino es una bebida que contiene alcohol y debe tomarse con moderación.

Los europeos que viven en el área mediterránea, son los mayores consumidores de vino del mundo: encabeza la lista Luxemburgo (58,6 litros porpersona y año), seguida de Francia (56, en claro descenso por los controles de alcoholemia), Italia (53), Portugal (46,8), España (30), Australia (20,6) y Chile (14,6).


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