05-09-2006
Espaguetis con salsa de tomate / LV
Bueno para combatir el ácido úrico, el tomate ayuda a reducir el colesterol y el riesgo de sufrir infarto; la urea; en el reumatismo, activa la circulación sanguínea; regula el tránsito intestinal y tonifica el sistema nervioso e induce al sueño. El descubrimiento científico del siglo XXI es la viejísima salsa de este fruto llegado de América. Algunos le llaman ‘la salsa de la vida’ por su contenido en carotenoides o licopeno, pigmentos naturales que dan al fruto su bello color rojo y le sirven para defenderse de agentes externos, soluble en grasa y muy eficaz frente a los radicales libres y agentes oxidantes capaces de causar cáncer.
El consumo habitual de tomate combate especialmente los de próstata, pulmón y estomago y, según aseguró el doctor Giovanucci, de la Facultad de Medicina de Harvard durante su reciente estancia en Pamplona, puede prevenir también los cánceres de esófago, páncreas, mama, colorrectal, bucal y cervical.
Sin embargo, donde se han centrado los estudios es en las afecciones de próstata, el más común entre los varones de muchos países. Es muy lento en su crecimiento y frecuentemente no causa problemas hasta la vejez. Para numerosos científicos, muchos ancianos con cáncer de próstata no necesitarían nada más que ciertos ajustes dietéticos para detener el progreso de la enfermedad, como se recoge en ‘American Journal’.
El licopeno –en una dosis de 4 miligramos diarios– tiene aparentemente la capacidad de reducir los niveles plasmáticos de PSA antígeno prostático específico en los hombres con cáncer de próstata, como advierte el ‘Journal Urology’. El motivo: que es un carotenoide que se concentra especialmente en la próstata, lo que pudiera explicar su fuerte acción preventiva en este cáncer.
La cantidad de licopeno en 100 gramos de tomates de ensalada es de unos 3 miligramos y en los de tipo pera, más de diez veces esta cifra. En España, entre tomates, sandías, pomelos o papaya, se consumen alrededor de 1,3 mg. de este pigmento natural por persona y día. De forma general, el contenido de licopeno es menor en los tomates cultivados en invernadero y en los frutos que se recogen verdes y maduran en el almacén. La mejor biodisponibilidad se encuentra en la salsa preparada con aceite de oliva y procesado con calor, mayor que en el tomate crudo.