A la portuguesa

11-10-2005

A la portuguesa

Vino de Oporto

Hace treinta años, después del triunfo de la 'revolución de los claveles', mi amigo Manuel Lopes acuñó un eslogan turístico que fue todo un acierto para atraer a los españoles a Portugal, del que ese eslogan decía: 'Tan lejos y tan cerca'.

Hoy, desde luego, Portugal está mucho más cerca; pero aún son muchos los españoles que lo desconocen... y no digamos hasta dónde llega ese desconocimiento si el tema del que se trata es el gastronómico. Lo normal es que alguien mencione el bacalao, el vino de Oporto y, a lo mejor, el 'vinho verde'. Y poco más.

Por supuesto, hay muchísimo más, en los platos y en las copas, en la gastronomía portuguesa. Un reciente viaje casi relámpago a Lisboa, donde el padre Luis Lezama inauguró un restaurante con los arroces como estrella en las recuperadas 'Docas', junto al puente '24 de abril', permitió darse una ligera idea.

Hay que decir que, para muchos españoles nostálgicos de las cocinas de antes, un viaje a Portugal sería un magnífico reencuentro con esas cosas que dicen echar tanto de menos: platos tradicionales, de bastante contundencia, y servidos en raciones apabullantes. Al menos, ésa es la norma general, porque en Portugal también hay algo de cocina de diseño, pero no en tanta cantidad como en España.

Hay, también, cocineros que siguen preparando platos de la alta cocina clásica con evidente maestría; tal fue el caso de un solomillo Wellington disfrutado en la 'Quinta dos Frades' después de engullirnos un buen 'bacalhau á Brás'. Otra visita, en este caso al 'Solar dos Nunes', nos puso en contacto con una magnífica dorada y nos reveló que, en esto del punto del pescado, nuestros vecinos todavía lo prefieren más hecho que nosotros; eso sí, las patatas que lo acompañaban eran espléndidas... y el aceite, portugués, buenísimo.

Hubo, también, ocasión de gozar de dos elementos fundamentales de la gastronomía lusa: los quesos, con mención especialísima para esa maravilla que es el 'queijo da Serra da Estrela amanteigado' -lo hay también seco, pero, siendo bueno, no lo es tanto-, sin la menor duda uno de los mejores quesos de oveja del mundo, con el que está emparentada nuestra Torta del Casar, y los vinos, de los que hay algo más que decir.

Es cierto que Portugal exporta la mayor parte de los vinos de Oporto y de Madeira; no lo es menos que, en lo que hace referencia a los vinos que podemos englobar en el concepto de 'vinos para comer', son ellos quienes mayoritariamente se los beben. Yo me permitiría aconsejar a todo español que viaje a Portugal que olvide toda tentación de chovinismo y beba vinos portugueses.

Los blancos del Miño, los 'alvarinhos', son deliciosamente frutales, frescos. Hay igualmente blancos muy interesantes en el Alentejo, región de la que procedían dos espléndidos tintos que saboreamos en sendas ocasiones, uno de ellos con presencia notable de la variedad syrah y el otro con la 'aragonés' -es la tempranillo española- y la versión portuguesa de la garnacha tintorera como variedades mayoritarias: ambos excelentes, más serio el primero, más retozón, por joven, el segundo.

Siguen estando muy buenos los vinos del Dao, y en cuanto a los del Duero hay que decir que no porque en Portugal el río cambie de nombre y se llame Douro se resiente la calidad de los vinos elaborados a la vista de este gran río. Los Douros portugueses son excelentes o, al menos, hay muchos excelentes.
Es curioso ver cómo en los países que son productores tradicionales de vino cuesta tanto introducir marcas extranjeras. En España se ven poquísimos vinos franceses, salvo, claro, los 'enormes'; menos todavía italianos, y qué decir de los portugueses, aunque ahora empiecen a asomar tímidamente... Pues tampoco se ven en Portugal vinos españoles, salvo excepciones, como no se ven en Italia o Francia.

De todos modos, un viaje gastronómico a Portugal puede ser de lo más interesante, siempre que el viajero esté dispuesto a sumergirse en la cocina portuguesa, cosa que, se lo puedo asegurar, vale la pena. Sean prudentes a la hora de pedir, que ya les digo que las raciones son, generalmente, muy generosas.

Ah, y a la hora de expresar su opinión sobre un plato o sobre un vino no se les ocurra decir que les parece 'exquisito', porque esa palabra, en portugués, no significa lo mismo que en castellano y expresa más bien el concepto de 'raro'.
Pero si algo les ha gustado mucho, no duden en reconocerlo diciendo que les ha parecido 'espantoso'; no se preocupen, tampoco significa lo mismo que en español, sino, en este caso, más bien todo lo contrario. En cualquier caso, no dejen de acercarse a Portugal y, ya allí, coman como los portugueses. Disfrutarán.


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