Comer a base de pinchos, una tradición

23-06-2005

Comer a base de pinchos, una tradición

Varios platos para una comida de picoteo

Los pinchos, las tapas, las banderillas y picotear se han puesto de moda. Para unos, es un tentempié mañanero que compensa esos desayunos ligeros y con prisa que hace mucha gente. Otros opinan, sencillamente, que se trata de que nos gusta comer y con nuestra cocina la cosa es fácil. Finalmente, resulta que comerse dos o tres pinchos es, para unos terceros, la opción más idónea de comer y seguir trabajando.

Las banderillas son manjares gastronómicos de poco volumen que se toman acompañados de alguna bebida. Todo ello compone una tradición vasca. Es la versión autóctona de la comida rápida a base de croquetas, alcachofas, anchoas, bacalao en diversas formas –pil-pil, ajoarriero–, caracoles, cazuelitas diversas, salmón marinado, patatas rellenas, rabo, setas y langostinos, gambas a la plancha o los huevos de codorniz en diversas preparaciones. A ellos se unen platos más elaborados, como las kokotxas de bacalao y de merluza, los montaditos, morros y patas en salsa vizcaína, chipirones, verdel marinado o ahumado, las inevitables tortillas –siempre gustosas y apetecidas– y un sinfín de preparaciones muchas veces complejas y pensadas, que dan categoría y excelencia a estos manjares.

Hay bares que son verdaderos especialistas y su vida discurre en este mundo delicioso que muchas veces se repite por la tarde. Comer de pinchos tiene en nuestra opinión tres cosas buenas: los productos básicos son pescados, mariscos, carnes y embutidos, verduras, huevos y pan que, en sí mismos, aportan proteínas de calidad, con frecuencia del aceite de oliva, carbohidratos del pan, minerales, vitaminas y fitoquímicos que aseguran una nutrición adecuada.

Dos o tres banderillas y la bebida pueden suponer 600-800 calorías, suficientes para seguir en activo. Generalmente, el picoteo se acompaña de un vaso de vino o un zurito, ambas bebidas saludables y, sobre todo la primera, como buen buen aliado del sistema cardiovascular.

Y en tercer lugar, estásn las buenas razones sanitarias, que obligan a utilizar mayonesa industrial en hostelería, garantía para el consumidor después de tantas intoxicaciones a causa de este producto.

Los problemas sanitarios a causa de la mayonesa se han trasladado ahora a los domicilios, donde la formulación casera puede acarrear intoxicaciones leves si no se manipulan los productos con la limpieza suficiente. El sabor de la mayonesa preparada es susceptible de ser modificado con aceite de oliva, mostaza o yogur, pero nunca con más huevo. De esta forma salen ganando el consumidor y la hostelería.


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