11-01-2005
Imagen del producto / LV
La noticia ha surgido en la Europa del desarrollo económico y social, que, pese a la aparente prosperidad, todavía no puede evitar algunos escándalos. El Ministerio holandés de Agricultura cerró recientemente 140 granjas de cría de ganado vacuno, cerdos, ovejas y cabras, y los servicios de higiene alimentaría de Bélgica hicieron lo propio en otras ocho granjas al descubrir que la leche producida estaba contaminada con dioxinas. El motivo: los animales consumían un pienso elaborado con peladuras de patatas importado de Alemania y estaba contaminado con estas sustancias tóxicas.
Otra vez saltan las alarmas relacionadas con la utilización de subproductos en alimentación animal; esta vez, además, con restos de patatas dedicadas supuestamente al consumo humano. El fantasma del mal de las ‘vacas locas’ vuelve a estar presente en la cadena alimentaría y los consumidores se preguntarán preocupados y estupefactos por qué nunca pasa nada.
Los principales focos de dioxinas son las incineradoras de residuos urbanos y hospitalarios, las papeleras, los aliviaderos de vertederos, los humos de vehículos, la combustión de fuel e incluso los incendios forestales, que originan estas sustancias tóxicas y volátiles que luego aparecen en el agua, los suelos, la atmósfera y los alimentos que comemos. Existen más de 200 dioxinas, de las cuales 17 son muy tóxicas. La gravedad de la contaminación dependerá del tipo de dioxina y la cantidad.
Son sustancias muy persistentes que se depositan en los tejidos grasos y acumulan en la cadena alimentaria, sobre todo en lácteos, carnes y pescados, de donde pasan al ser humano. Se ha demostrado que las dioxinas son cancerígenas en animales de experimentación, y probablemente por acumulación en los seres humanos, a quienes pueden producir cáncer, cambios metabólicos y hormonales, efectos en los sistemas reproductores masculino y femenino, alteraciones cutáneas, acumulación en la leche materna y en los fetos.
Aunque estudios realizados por el CSIC en el área de la incineradora de Valdemingómez, a 15 kilómetros de Madrid, revelan que los niveles están por debajo del umbral de seguridad, y otros en Asturias sobre leche pasterizada son comparables a los de otros países europeos, el sometimiento a las normas muy rigurosas no garantiza la salud porque no prevé el riesgo de acumulación en el ser humano. Los compuestos tóxicos diarios procedentes de la industria o de los sistemas de eliminación de residuos pueden tener efectos nocivos sobre la salud.