Cenar en casa

29-06-2004

Cenar en casa

El secreto está en entender que los invitados deben sentirse cómodos, y eso se facilita mejor con la conversación que con las viandas

Vuelve la moda de comer en las casas. Hay, un poco por lo elevado de los precios de los restaurantes y un mucho por la inseguridad nocturna en las grandes ciudades, un retorno al pasado y las gentes, tanto más cuanto más jóvenes, tienden a reunirse en sesiones informales e íntimas que recuerdan los banquetes domésticos de antes. A este respecto adquiere vigencia algo que escribía en ABC el maestro Julio Camba: «Cuando aparezca en la mesa un plato notoriamente inferior a todos los otros, elógiese sin reservas. Indudablemente, ese plato es obra de la dueña de la casa».

Bromas aparte, la clave del éxito de esas deseables reuniones de cena y tertulia es que no constituyan un tormento para los anfitriones. La sencillez es lo que garantiza un ambiente grato para los asistentes. La última a la que he asistido, por enfermedad de la cocinera de la casa, fue convertida por su anfitrión en una cata de aceitunas, panes y jamones. Nada hecho en el lugar; pero tan bien dispuesto y regado, que constituyó una fiesta gastronómica y un magnífico pretexto para una larga, armoniosa y divertida sobremesa.

La proliferación de empresas –algunas solventes– especializadas en catering, que sirven cenas y facilitan el servicio y hasta el ajuar a los domicilios, es otra vía de solución para estos casos. Parecida a los centros especializados, también crecientes, en comidas preparadas. El secreto está en entender que los invitados deben sentirse cómodos, y eso se facilita mejor con la conversación que con las viandas.

Un poco de cuidado en los detalles y el ‘salvavidas’ de los quesos y los postres hacen que eso que los abuelos llamaban «recibir en casa» no sea una pesadilla ni un trabajo forzado y difícil. El vino, bien seleccionado en la amplísima y todavía asequible oferta del mercado, termina por redondear tan pacífica y jugosa costumbre y reduce las dudas a una sola: ¿en tu casa o en la mía?


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