Un despertador en el plato

20-04-2004

Un despertador en el plato

El desayuno debe ser la comida más importante del día / LV

Nada más sonar el despertador, María disputa la primera batalla de la jornada con sus padres. La niña, de ocho años, se resiste ante el vaso de leche, las galletas y el zumo de naranja. Al final, su madre procurará que la bandeja quede vacía. No en vano, ha preparado todos estos alimentos pensando en la mañana de estudio, juegos y deporte que le queda por delante a su hija.

El desayuno tiene, por estas y otras actividades, una importancia abrumadora. Es el motor que nutre de energía al cuerpo, el primer cimiento para sostener una jornada infatigable y, en resumen, la «comida más importante del día», según proclaman los expertos. Sin embargo, se trata también de un almuerzo que «está infravalorado en nuestra sociedad», denuncia el dietista Jon Mikel López. Y eso afecta tanto a los adultos como a sus hijos.

La fruta, los lácteos y los cereales son los tres grupos de alimentos que deberían imperar en el desayuno de los niños. El primero aporta vitaminas y minerales, indispensables para alimentar la mente. Los lácteos transmiten las proteínas y el calcio necesario para fortificar los huesos, mientras que los cereales son la fuente de hidratos de carbono que garantiza la reserva de energía.

«Es recomendable tomar en primer lugar la fruta, porque representa la mejor manera de subir el azúcar en sangre que se ha ido gastando durante la noche», advierte la nutricionista Miren Azpeitia. Y es que después de 8 ó 9 horas nocturnas de ayuno en las que el cuerpo ha estado sobreviviendo de reservas, el valor de esta ingesta resulta tan incuestionable que debería suponer el 25% del aporte energético del día. Además, añade la especialista, la fruta puede despertar el apetito de los chavales en un momento en el que aún no se han acabado de quitar las legañas de los ojos.

El yogur

Una pieza de fruta fresca gana peso frente a un zumo, pero en el caso de que el pequeño se decante por éste último, lo mejor es evitar su paso por el colador. «Es la única manera de conservar la fibra», explica María José Ibáñez, nutricionista y secretaria de la Asociación de diplomados en dietética y nutrición de Euskadi (ADDENE). En cuanto al grupo de los lácteos, los especialistas señalan otras alternativas a la tradicional leche con ‘colacao’.

Un yogur o queso –éste en última instancia ya que cuenta con una excedencia de grasa– suponen también una buena inyección de calcio. Y por último, los hidratos de carbono en forma de galletas, tostadas, pan, copos de maíz, arroz inflado o cereales muesli son los ingredientes primordiales para coronar un desayuno equilibrado y nutritivo.

En realidad, los expertos apuestan por dos rebanadas de pan con mantequilla o mermelada para comenzar la mañana por tratarse de la combinación «más natural, sencilla, sana y menos grasa», aunque los cereales tipo muesli también concentran una buena dosis de recomendación. «Son muy energéticos porque añaden frutos secos», señala Azpeitia.

Pero, ¿es éste el desayuno que da los buenos días a la mayoría de los niños? Los resultados del último estudio sobre hábitos alimentarios infantiles dibujan un panorama desolador: sólo el 28% de los pequeños toman un desayuno completo, que debería tardar en ser consumido al menos 15 minutos. Y es la fruta el ingrediente que se ve más desdeñado, ya que la cita con la primera comida del día suele reducirse a un vaso de leche y galletas.

Para empeorar esta situación, un elevado número de jóvenes ingiere durante el almuerzo –que suele coincidir con el recreo en los colegios– alguna pieza de bollería industrial, que los expertos señalan como el principal detonante del aumento de colesterol y obesidad registrado en los últimos años en la población infantil. Un dato rebatido por el director adjunto de Panrico, quien asegura que, por ejemplo, el popular ‘bollycao’ «no lleva ni colesterol, ni conservantes ni colorantes».

Falta de concentración

La dietista María José Ibáñez recomienda una «fruta, un yogur o un pequeño bocadillo» para ese momento de la mañana que, según agrega la nutricionista Miren Azpeitia, se trata de un almuerzo necesario para eludir enfermedades como la diabetes. «Con las ingestas intermedias conseguimos una constancia del azúcar en sangre, por lo que es recomendable hacer cinco o seis comidas al día», advierte.

De cualquier forma, el dato más preocupante del anterior estudio es el referido al 4% de menores que no desayuna absolutamente nada y realiza la primera ingesta del día a la hora de la comida. El desenlace de todas estas conductas son niños endebles que muestran falta de concentración, cansancio y desinterés en las clases matinales. María José Ibáñez no duda en establecer una relación directa entre la malnutrición y el fracaso escolar: «Los estudios revelan que un buen aporte de nutrientes incide favorablemente en la capacidad de aprendizaje, y por tanto, en las notas».

Pero no sólo los resultados escolares se ven afectados por una mala alimentación. Un desayuno insuficiente también se puede traducir en un trastorno de obesidad. «Al saltarse una comida, el niño llega a la siguiente con más ansiedad y le sienta peor. Será más obeso que otro niño que coma correctamente en todas las ingestas, aunque los dos tomen las mismas calorías al día», apuntilla López.

Métodos contra la apatía

Conseguir que un niño termine su desayuno es, en muchos hogares, una tarea casi imposible. En ocasiones, el pequeño ni siquiera prueba un par de cucharadas antes de capitular. Es entonces cuando la situación adquiere tintes inquietantes y resulta necesario echar mano de los consejos que brinda la psicología. «A conductas extremas, hay que aplicar elementos extremos», advierte el psicólogo Luis de la Herrán.

Una herramienta que puede solventar el problema es el llamado ‘manejo de contingencias’. Con este procedimiento se pretende evitar que los padres aparezcan como figuras empeñadas en maquillar un comportamiento inadecuado. «Si le calentamos la leche, por ejemplo, y se le enfría, lo que debemos hacer es no volvérsela a calentar», explica De la Herrán.

‘Los acuerdos de conducta’ son otra fórmula encaminada a evitar que el pequeño se eternice con el almuerzo. Se trata de alcanzar un pacto entre éste y sus progenitores, de manera que la recompensa consista en un cúmulo de puntos que, contabilizados, se convertirán en un premio. «Si se come la comida, le damos seis puntos, y al final de la semana, sumamos lo que ha conseguido y se lo canjeamos», explica el psicólogo, que añade que es una táctica fructífera «si logramos introducir un buen elemento reforzante».

El propósito final de estos métodos estriba en alcanzar un hábito, de modo que el «sacrificio» termine por transformarse en una costumbre exenta de esfuerzo.
Desde luego, ni el castigo ni el razonamiento son buenos auxiliares para enderezar este tipo de comportamientos. Así que prevenir es mejor que curar, y para ello, hay un ingrediente que destaca como el mejor mensajero de la educación nutricional: el ejemplo de los padres.


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