Vitaminas, las justas

09-03-2004

Vitaminas, las justas

Suplementos vitamínicos / LV

¿Qué tienen en común Claudia Schiffer y los jugadores del Real Madrid? Que toman vitaminas. Y como ellos, miles y miles de personas. Un estudio de la firma Eco Consulting señala que en más de siete millones de hogares españoles, aproximadamente el 65% del total, se consumen de forma habitual vitaminas o se compran productos enriquecidos. Esta ‘vitaminomanía’ tiene su razón de ser. Viene cargada de promesas que suenan a música celestial –un corazón resistente, menos arrugas, huesos fuertes…– y está comprobado que son sustancias importantes para la salud y que su carencia puede producir ciertas enfermedades.

El problema nace cuando se les atribuyen propiedades curativas y hasta milagrosas que no poseen. Por ello, conviene tener en cuenta que, tomadas de forma abusiva, las vitaminas pueden generar efectos nocivos. Por ejemplo, la vitamina A, buena para la vista y el crecimiento, provoca náuseas y jaquecas en dosis elevadas. La D, que regula el equilibrio del calcio y la producción de hormonas, puede causar lesiones renales si se abusa de ella. Las vitaminas E y C comportan propiedades antioxidantes, pero no las suficientes para contrarrestar los efectos del tabaco ni curar el cáncer como a veces pregona la publicidad. En una palabra, el exceso de vitaminas no garantiza más salud; más bien, ocurre todo lo contrario.

Niños y ancianos

La tesis más extendida entre los médicos subraya que la manera correcta de obtener las vitaminas que precisa el cuerpo es a través de la dieta natural. Advierten de que los mejores lugares para adquirirlas son las fruterías, las pescaderías y las carnicerías y sólo invitan a tomar suplementos vitamínicos a las personas sometidas a dietas hipocalóricas, las mujeres embarazadas, los niños con problemas de crecimiento y los ancianos, que tardan más en asimilarlas. «Lo ideal es consumir las vitaminas a través de una dieta variada, como la mediterránea», piden desde la Sociedad Española de Endocrinología.

Se estima que uno de cada diez españoles se atraca de añadidos vitamínicos para luchar contra el estrés, el agotamiento físico y mental o las consecuencias de una dieta desequilibrada. Casi siempre lo hace por la vía de la automedicación. En Estados Unidos, ésta es una práctica que comenzó hace ya dos décadas. La doctora Irene Bretón, de la unidad de Nutrición Clínica y Dietética del hospital Gregorio Marañón de Madrid, explica que «donde más se aprecia la deficiencia de algunas vitaminas es en los países en vías de desarrollo. En los países desarrollados, en cambio, no debería darse tal circunstancia, salvo en los casos citados, para corregir deficiencias», añade.

Aun así, su uso es cada vez más frecuente. Según datos de la Asociación Nacional de Especialidades Farmacéuticas Publicitarias (ANEFP), las ventas de estas sustancias suponen al año más de 30 millones de euros. En 2002 se comercializaron 5,3 millones de envases de polivitamínicos y la cifra ascendió a los siete millones el año pasado. Los más solicitados son los que vienen bajo la presentación de multivitaminas. La Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas estudió a mil individuos con una edad superior a los 15 años y comprobó que la cuarta parte había tomado algún tipo de suplemento vitamínico alguna vez.

La doctora Nuria Llata, que pertenece a este colectivo, asegura que «por el estilo de vida actual es fácil creer que consumiendo suplementos vitamínicos se aguanta mejor el ritmo frenético al que a veces nos sometemos», pero destaca que «ésta es una creencia errónea».

Irene Bretón añade que «un alto porcentaje de gente piensa que, en lugar de seguir una alimentación sana, puede recurrir a una farmacia a comprar un suplemento, y con eso ya es suficiente. Estamos ante una especie de efecto tranquilizador de conciencia, cuando lo mejor para acertar es algo tan fácil como seguir una dieta equilibrada».

Control

Al no estar probado de forma científica que la ingesta de suplementos vitamínicos evita la probabilidad de desarrollar enfermedades, «la recomendación siempre es tomar alimentos ricos en vitaminas, no pastillas», insisten ambas especialistas. La portavoz de la Asociación del Paciente, con sede en Madrid, Carmen Flores, considera que el abuso de los complejos vitamínicos se debe, en parte, al «poco control administrativo» que recae sobre estos artículos y cree que «debería existir la obligación de llevar receta médica para adquirir polivitamínicos». Y es que son productos que se venden en farmacias y herbolarios, pero con total normalidad también es posible obtenerlos en los supermercados.

Al leer la etiqueta de un frasco de vitaminas, se observa que no dice que soluciona un problema de salud determinado, sino sólo que «es esencial para el buen funcionamiento de tal o cual órgano o sistema», explica un proveedor. Como la legislación no considera los suplementos vitamínicos como medicamentos, sino como «complementos nutricionales», no se necesitan las mismas pruebas para testar su seguridad o su utilidad, y tampoco para saber si en realidad contienen lo que sus promotores dicen que contienen.

Para todo

-Vitamina A (Retinol): Desempeña un papel fundamental en la visión. Su carencia produce conjuntivitis, piel seca y visión imperfecta.

-Vitamina B1 (Tiamina): Influye en mecanismos de transmisión nerviosa. Su falta provoca inflamación de los nervios, reducción de los reflejos tendinosos, anorexia, fatiga y trastornos gastrointestinales.

-Vitamina B2 (Riboflavina): Para el metabolismo de proteínas e hidratos de carbono y su transformación en ácidos grasos. Su carencia provoca dermatitis seborreica, fatiga visual y conjuntivitis.

-Vitamina B6 (Piridoxina): Esencial en el metabolismo de los ácidos grasos. Su falta produce apatía, depresión, calambres, náuseas, mareo, prestesias, anemia y debilidad muscular.

-Vitamina B12 (Cianocobalamina): La falta de esta sustancia provoca atrofia de la mucosa digestiva y elimina la sensibilidad profunda.

-Vitamina B12 o Biotina o Vitamina H: Es la coenzima de las enzimas que fijan el anhídrido carbónico.

-Vitamina C (Ácido Ascórbico): Su carencia provoca hemorragias, deficiencias celulares, retardo en cicatrización y alteración del tejido óseo.

-Vitamina D (Colecaldiferol): Influye en la función de la glándula paratiroides, aumenta la absorción de sales de calcio y fósforo. Su falta produce raquitismo, alteraciones musculares y reblandecimiento óseo.

-Vitamina E (Tocoferol): Acción antioxidante. Sin ella, pueden surgir distrofias musculares, alteraciones vasculares degenerativas o atrofia testicular.

-Vitamina B10-11 o Ácido Fólico: Participa en fenómenos de crecimiento. Su carencia provoca anemias, leucopenias, lesiones gastrointestinales y diarreas.

-Vitamina K o Antihemorrágica: Interviene en el sistema de coagulación sanguínea, por lo que su ausencia influye en la producción de hemorragias.

-Vitamina P (Citrina): Aumenta la resistencia capilar y controla la permeabilidad de los vasos. Favorece la acción de la adrenalina.

-Vitamina PP: Su carencia provoca dermatitis y diarrea.

-Vitamina B5 (Ácido Pantoténico): Participa en la desintoxicación de compuestos extraños o nocivos. Su ausencia provoca hiperreflexia, deficiente actividad de las glándulas suprarrenales.

-Vitamina B15 (Ácido Paneámico): Acción antianóxica.

-Vitamina F: Interviene en la síntesis de ácidos complejos. Estimula el crecimiento. Su carencia provoca eccema, obstrucción de los folículos pilosos.

-Vitamina H o PABA (Paraaminobenzoico): Condiciona la pigmentación del pelo. Su carencia provoca encallecimiento. Disminuye la protección solar de la piel.

-Vitamina L: Factor vitamínico discutido que parece necesario en la instauración de la lactancia.

-Vitamina T (Termitina): Complejo de sustancias bioestimulantes del crecimiento, obtenida de las termitas.

-Vitamina V (Antiulcerosa): Protege frente a la úlcera gástrica.

-Coenzima Q (Urquinona): Sistema de óxido-reducción.


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