15-12-2003
Imagen del producto / LV
Con la Navidad vuelve a los escaparates de las confiterías el huevo hilado, esa hebra de yema de huevo de sabor dulce, aunque no empalagoso, que hace buenas migas con el jamón cocido, los ibéricos, carnes, aves, asados y todo tipo de fiambres. De elaboración artesanal, el conjunto de hebras forman una madeja de color amarillo dorado, con una jugosidad muy agradable consecuencia del almíbar.
El costoso proceso de elaboración y el abandono de la mayoría de pasteleros animó a la empresa Santa Teresa a comercializarlo junto a una carne de membrillo natural y una mayonesa de Martín Berasategui. Por la alta temperatura (125ºC) y el espacio de tiempo de cocción (varios minutos), hacen que este huevo hilado no tenga riesgo de salmonela o similares, quedando en consecuencia exento del decreto sobre la prohibición del consumo de huevo fresco.
Se recomienda no congelar para preservar la calidad. Una vez abierto, debe consumirse dentro de las 48 horas siguientes.