09-12-2003
Imagen del producto / LV
De concha muy áspera y forma alargada deben consumirse, no ya frescas, sino vivas y a una temperatura de seis a ocho grados para poder apreciar todas sus virtudes.
Las valvas, fuertemente cerradas oponen resistencia al intentar abrirlas, lo que se hará justamente antes de su degustación.
Una vez abiertas, se aprecia el agua limpia en su interior, señal de su calidad ambiental durante la cría, una carne nítida y signos de vida: deben encogerse al rociarlas con limón o al contacto con la hoja del cuchillo.
Predominan los olores a agua de mar, junto a recuerdos de piedras marinas, yodo, algas, todo muy limpio y fresco.
La carne es de textura gelatinosa, suave, de sabor refinado y persistente.
Las ostras deben servirse no demasiado frías, sobre sal gruesa, acompañadas por cava, champaña o un blanco joven afrutado y ácido.