¿Seguimos la dieta mediterránea?

25-03-2003

¿Seguimos la dieta mediterránea?

Los niños y jóvenes deben recuperar una alimentación basada en la riqueza de nutrientes y hábitos de nuestro entorno

La primera causa de muerte en nuestro país son las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular), cuyo origen está en la arteriosclerosis.

La arteriosclerosis es un proceso que se desarrolla desde la infancia, de forma progresiva a lo largo de nuestra vida. Se caracteriza por la afectación de las grandes arterias, donde se forman depósitos de colesterol e inflamación en la pared arterial, produciéndose un estrechamiento en el calibre o luz de la arteria por donde pasa el flujo de sangre y en su evolución final se produce la obstrucción total.

La falta de sangre por obstrucción de arterias importantes, como las coronarias, da lugar a la angina de pecho o como situación más grave el infarto agudo de miocardio (cardiopatía isquémica).

Si las afectadas son las arterias de la circulación cerebral originará trombosis a nivel cerebral (accidente cerebrovascular). Este tipo de enfermedades son las más representativas de lo que hoy se conoce como enfermedades cardiovasculares, cuyo sustrato es la arteriosclerosis.

Aunque pudiera parecer que la arteriosclerosis es un proceso ineludible y asociado al paso de los años, se conoce que son muchos los factores (denominados factores de riesgo cardiovascular) que intervienen en su desarrollo y que existen posibilidades de retrasar este envejecimiento de nuestras arterias, practicando lo que se conoce como estilos de vida saludables.

Estudios epidemiológicos contrastados sitúan la incidencia de enfermedades cardiovasculares en España, al igual que en los países mediterráneos (Francia, Italia, Grecia, Chipre), en los niveles más bajos del mundo occidental, pese a ello constituyen la primera causa de muerte en nuestro país. Factores económicos, nivel de educación o dedicación de recursos a la sanidad no explican las diferencias en el número de casos con respecto a países como los del norte de Europa o Estados Unidos (donde la mortalidad por estas enfermedades es aún mayor). Los investigadores parecen ponerse de acuerdo en que son los estilos de vida y el seguimiento de un determinado tipo de dieta los que protegen frente a la aparición de enfermedades cardiovasculares.

Alimetación

España y los países del área mediterránea durante siglos han seguido un modelo nutricional conocido como «alimentación mediterránea», que aunque es abundante en grasas, se asocia con una baja prevalencia de enfermedades cardiovasculares. Esta alimentación conocida como ‘dieta mediterránea’ está basada en el consumo habitual de verduras, hortalizas, cereales, legumbres, féculas, frutas, vino y la joya de nuestra alimentación: el aceite de oliva.

Al aceite de oliva se le atribuyen la mayor parte de los beneficios saludables de la alimentación mediterránea. El principal componente del aceite de oliva, el ácido oleico, un ácido graso monoinsaturado, beneficioso no sólo para el metabolismo del colesterol (reduciendo el colesterol LDL o perjudicial sin descender el colesterol beneficioso o HDL, y disminuyendo la oxidación de las LDL), sino también sobre el metabolismo de los hidratos de carbono (mejora el control de la diabetes tipo 2) y con otros efectos relacionados con el inicio y progresión de la arteriosclerosis. Por tanto, la ingesta elevada de aceite de oliva produce un amplio conjunto de efectos saludables, que van mucho más allá del conocido efecto sobre el colesterol.

Frutas y verduras

El consumo de frutas, verduras, cereales y féculas aportan los hidratos de carbono adecuados y la fibra necesaria para evitar el riesgo de sobrepeso, diabetes y actúa previniendo algunos tipos de cáncer como el de colon.

Recientes estudios como los realizados en Francia, donde el consumo de grasas consideradas perjudiciales como las saturadas es más elevado que en nuestro país, atribuyen al consumo moderado de vino tinto un factor protector sobre el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

El vino tinto, en cantidades de 1 a 2 vasos diarios, disminuiría los niveles de colesterol nocivo (LDL-Colesterol) e incrementaría el colesterol protector, denominado HDL-Colesterol, además ejercería un efecto antioxidante sobre las comentadas LDL. El consumo excesivo de vino o cualquier otra bebida alcohólica es claramente perjudicial para la salud cardiovascular y aumenta el riesgo de cáncer y otras enfermedades.

En las últimas décadas se ha perdido gran parte de los beneficios de la dieta heredada de nuestros antepasados. El consumo excesivo de calorías y de alimentos ricos en grasas saturadas, unido al estrés y al sedentarismo explicaría el aumento de la obesidad y sobrepeso en nuestra sociedad, así como el incremento de enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes o la hipercolesterolemia.

Además, este nuevo estilo de vida, importado desde los países industrializados, favorece el riesgo cardiovascular (aumenta el número de pacientes que sufrirán infarto agudo de miocardio o accidente cerebrovascular, entre otras enfermedades) y algunas formas de cáncer. Actualmente se han ido abandonando los principios que integraban la ‘dieta mediterránea’ y se ha pasado a consumir una elevada proporción de grasas saturadas: hamburguesas, perritos calientes, patés (foie-gras), carnes rojas grasas, dulces y golosinas dirigidos a población infantil, en las que no figura composición detallada ni aporte calórico.

Este nuevo patrón alimentario se ha ido imponiendo en los últimos años. Además, el efecto beneficioso del consumo de ácidos grasos monoinsaturados, procedentes del aceite de oliva, y de poliinsaturados, presentes en la grasa del pescado y con un claro efecto beneficioso, ha sido relegado parcialmente de nuestra alimentación, sobre todo entre los jóvenes.

También el consumo de fibra, presente en verduras, legumbres y frutas, necesaria para la correcta absorción de hidratos de carbono y grasas se ha ido abandonando, y este hecho es más apreciable en los jóvenes.

En este mundo, donde la globalización es un proceso con connotaciones positivas, deberíamos estar atentos y eliminar aquellos aspectos negativos y que soterran nuestras costumbres y tradiciones en materia alimentaria.


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