11-03-2003
Una sustancia importante en la dieta diaria para favorecer la salud
Un elemento complementario de elevada importancia en la dieta humana es la fibra. Podemos considerar como fibra a todas las sustancias de origen vegetal que no son atacadas por los enzimas de nuestro aparato digestivo.
Las fibras dietéticas tienen un origen vegetal aunque su composición molecular es muy diversa, si bien en su mayoría están formadas por hidratos de carbono. Aunque son resistentes a los ataques de los enzimas digestivos, las bacterias que residen en el colon en algunos casos las fermentan, si bien de manera parcial.
La fibra tiene una característica en dos grandes grupos, según sean solubles (fibra que reside en frutas, verduras, cebada, salvado y legumbres) o insolubles (cereales). Cada uno de estos grupos tiene cualidades diferentes, así, la fibra soluble retarda el vaciamiento gástrico, lo que incrementa la percepción de saciedad, produce una mayor excreción de ácidos biliares que facilitan el metabolismo de las grasas disminuyendo la absorción de éstas, así como de la glucosa, y favoreciendo unos menores niveles de colesterolemia. También ayudan a la síntesis de ácidos grasos de cadena corta.
En cuanto a la fibra insoluble, actúan aumentando el volumen del bolo fecal, la excreción de ácidos biliares, y tienen un efecto antioxidante. Todos estos mecanismos de actuación hacen de la fibra una especial herramienta dietética frente al estreñimiento, hemorroides, apendicitis, varices, diverticulosis, cáncer de colon, enfermedad inflamatoria intestinal, obesidad, diabetes, hipercolesterolemia y riesgo cardiovascular.
En general, se recomienda una ingestión de más de 22 gramos de fibra al día. En España el promedio calculado no supera los 20 gramos. Los alimentos más ricos en fibra son la pera y la manzana no peladas, cacahuetes, nueces, brócoli, zanahoria, cebolla, patatas asadas con piel, alubias, garbanzos, guisantes, lentejas y los cerales en general y los enriquecidos en fibra utilizados en desayunos.