Restaurante El Chaleco

11-02-2003

Restaurante El Chaleco

En ocasiones, el comensal agradece que ciertas cosas permanezcan inalterables: platos que le sorprendieron gratamente y perduran en la carta con la vitola de inamovibles, las atenciones de Andrés que ha cumplido 19 años en la casa, un búcaro con gerberas blancas y amarillas, la barra impoluta y seductora, el sol de mediodía que hace más tibia la estancia y los clientes que al marcharse te desean buen provecho, cosas que sólo suceden en El Chaleco, de Alhama.

La barra es parada obligatoria para tomar una rebanada de pan con ensaladilla y ojear las bandejas de pimientos, los boquerones en aceite, las alcachofas, las aceitunas aliñadas, los perniles, las cocochas, las almejas, el rape y la merluza que dan lustre el expositor.

Una vez en la mesa, llegan unas «croquetas a la antigua» con guarnición de endibias y cintas de judía verde y zanahoria; croquetas recién hechas, secas y sabrosas, crujientes y cremosas, de gusto finísimo, síntoma de que el aceite de oliva virgen extra se renueva con frecuencia (las croquetas descubren a los malos cocineros: desde los mejores restaurantes a las tascas más modestas, las buenas croquetas se deben a profesionales solventes).

Donde Fina alcanza cotas insuperables es en los guisos, un patrimonio que, dicho sea de paso, menosprecian las nuevas generaciones. Ahora que apenas quedan rastros de la cocina de cuaresma, Fina reverdece casi a diario los potajes de vigilia, «legumbres guisadas para el mantenimiento en los días de abstinencia» según el diccionario Larousse, recetas sencillas que bien elaboradas resultan exquisitas: potaje de habichuelas con acelgas y ñoras; de arroz y habichuelas con judías verdes, alcachofas, espárragos y ajos tiernos, o de garbanzos con acelgas, en esta ocasión, enriquecido con una sensacional albóndiga de bacalao, la olla a fuego lento, los garbanzos puestos a remojo la noche antes, una pizca enteros por fuera y tiernos por dentro, la patata consistente, lascas de huevo duro y el pan frito con el vinagre justo para no romper la armonía; en suma, una obra maestra.

De la cazuela de barro se pasa al bajoplato y la vajilla contemporánea, si bien la carta es fiel a los pescados a la sal y a la murciana, y en el apartado de carnes no falta el lomo a la tía Encarna, las manos en salsa y un solomillo en su jugo con setas.

La carta de vinos incluye 60 referencias, algunas de ellas autóctonas y bien escogidas, como Partal 2000, selección 37 barricas (Bodegas Balcona, D.O. Bullas) y Castaño colección 98 (Bodegas Castaño, D.O. Yecla.
Tartas, sorbetes, helados y postres caseros son el mejor colofón.

EL CHALECO
Avda. Almirante Bastarreche, 9. Alhama.
Tfno: 968 630 104
Precio: 25 / 35 euros.
Cierra lunes y a mediados de agosto.


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