10-12-2002
Al norte de los Pirineos, Europa celebra también las Navidades. La gastronomía tradicional de los países de la UE es cristiana y no está limitada por leyes dietéticas excluyentes, como sucede con otras religiones, como la judía, la mahometana o la hindú. Sólamente el ayuno y la abstinencia imponen una cierta limitación a la cantidad o calidad de los alimentos que se pueden tomar.
El cristianismo no ha sido históricamente opuesto a celebrar las fiestas religiosas con banquetes. Entre las denominaciones cristianas, solamente el calvinismo se opuso frontalmente a los placeres de la carne y a festejar a los santos a base de comer y beber.
Aunque las celebraciones europeas del ciclo de Navidad conmemoran actualmente festividades religiosas cristianas, debajo de ellas subyacen festivales paganos muy antiguos ligados al invierno. Sus ecos todavía persisten y en muchos países se hornean panes y pasteles con formas ancestrales, exclusivas de este tiempo del año.
Estas masas navideñas a base de mantequilla, huevos y azúcar en abundancia, se adornan con frutas escarchadas, frutos secos y cortezas de limón. Suiza y Alemania tienen las suyas propias, para regalar a los niños el día de San Nicolás.
En los países nórdicos se preparan para el día de Santa Lucía bollos con aroma de azafrán, que incorporan también frutas y toda clase de almendras. En Inglaterra es tradicional el fruit cake y en Francia el buche del Noel, un bizcocho esponjoso que se cubre con chocolate o crema de café, para darle la apariencia de un tronco de árbol.
El plato principal del banquete que antaño fue un ganso o una carpa se ha ido sustituyendo desde el siglo XIX por el pavo, pescados y mariscos, que la facilidad del transporte hacen hoy muy asequibles. Las aves de granja y sus productos, como el foie-gras han adquirido igualmente un gran protagonismo en nuestras mesas.