26-11-2002
Vestir el caviar de manjar, el foie de gloria o las angulas de domingo no tiene mérito. El genio reside en lograr que el comensal pida repetir de un plato de verduras. Y eso lo ha conseguido Enrique Martínez, el oficiante del Maher, una ermita gastronómica levantada, receta a receta, en la localidad navarra de Cintruénigo. El cardo, la borraja, los pimientos, algo más acostumbrados la alcachofa y el espárrago, rebosan de gusto ante los piropos que reciben de los huéspedes de esta casa. El secreto, pactar con la tierra los niveles de calidad del producto y comprarlo directamente al agricultor.