Restaurante Canela

10-09-2001

Restaurante Canela

El austríaco Karl Moser es un avezado cocinero que ha ejercido la profesión en medio mundo. Llegó a Méjico en 1985 como jefe de cocina de Westin Hotels, un consorcio americano, y durante su estancia en Cancún firmó contrató por diez años con la cadena Hyatt. Allí conoció a Mónica, que ejercía de jefa de habitaciones, recalaron en La Manga club de golf y a los pocos años abrieron el restaurante Canela en un centro de equitación próximo.

El local tiene un cierto acento mejicano, como el propio Karl: suelo de barro formando espigas, techo de colañas y cañizo, cenefas florales en las rústicas paredes pintadas en blanco y amarillo, una chimenea para hacer barbacoas, cortinas y manteles de un azul oscuro, un olivo preside el comedor y sobre el porche, frente al picadero, verdea una parra preñada de racimos.

Siempre es provechoso conversar con Karl, un aficionado al esquí que frecuenta las cresterías de Sierra Nevada. Tras la cena salió a colación el universal pastel de chocolate Sacher, nombre de un célebre hotel de Viena, cuya receta no puede copiarse y genera derechos de autor. Una mayoría de austríacos, por religión, no toma carne los viernes y a cambio, como plato principal, ingieren esa tarta u otros dulces calientes, tipo strudel, crepes o soufflés (si desea probar el pastel Sacher puede pedirlo por teléfono desde cualquier país y lo envían a su domicilio por correo).

El diálogo derivó hacia la chumbera, cuyas hojas o palas, fritas en aceite de oliva, tienen gran demanda en Japón por sus propiedades afrodisíacas: “Es la viagra de los japoneses” dice Karl. Ahora es el momento idóneo para comerla, pues la pala ha de ser tierna (se limpia con un cuchillo).

Desde hace unos años, el restaurante Canela ha cambiado de filosofía. Antes se prodigaba más el entrante, una serie de tapas extraídas del recetario internacional, varias de ellas fruto de un beneficioso mestizaje, y ahora se ha impuesto un plato más rotundo y complejo, también de mayor coste, debido a la afluencia de una clientela marcadamente internacional.

Se advierte en el carpaccio de atún con mousse de aguacates, pimienta verde y salsa de mostaza picante (1.100), cóctel de gambas y carne de cangrejo con salsa de brandy (1.500), salpicón de marisco a la albahaca sobre patata templada (1.400), sopa fría de tomate con berberechos al aroma de ginebra (1.100), filete de rodaballo pochado sobre verduras con salsa de estragón y patatas al vapor (3.200), medio bogavante y medallón de ternera lechal a la parrilla (3.500), solomillo de buey con hongos silvestres en salsa cremosa de finas hierbas (3.100) o pimientos del piquillo con su salsa rellenos de ternera y servido con arroz al vapor (2.300).

Para que este mestizaje gastronómico llegue a buen puerto Karl utiliza las mejores materias primas y puntos de cocción al gusto del cliente. Bodega en alza y un vino de gran cuerpo y precio comedido: Marqués de Alicante, crianza 97, con cuatro varietales: monastrell, tempranillo, cabernet sauvignon y merlot.

RESTAURANTE CANELA
Dirección: Finca El Puntal, s/n. 30385 Los Belones, Cartagena
Tfno.: 968 13 73 35 / 609 12 48 25
Cierra los lunes durante el invierno.
Precio: 5.000 / 7.000 pesetas.


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