18-11-2000
¡Cuántas veces simplificamos y reducimos un concepto a la más extendida de sus versiones! Esto sucede con múltiples condumios, hasta tal punto de que la paella de mariscos es, en la actualidad, La Paella, con mayúsculas, con independencia de que la receta originaria sea otra o existan infinidad de versiones.
Otro tanto sucede con el cocido, cuya palabra identificamos plenamente con el apellido madrileño. Pero también alude al ma-ragato castella-no, a la escudella i carn d'olla ca-talana, al pote gallego, al cocido de siete carnes canario, al cocido andaluz con su pringa, a la olla de tres vuelcos valenciana, a la sopa y bullit de Baleares y a los cocidos de judías que se ofertan en más de un servicio.
¿Acaso el plato de alubias blancas, rojas o negras, al que sigue una fuente con chorizo, morcilla, tocino, costilla, jamón, berza, patata... no es un también un cocido con todas las letras?