RESTAURANTE ALBORADA

RESTAURANTE ALBORADA

David Muñoz, primogénito de Antonio y Puri. / J.M.G.

JOSÉ MARÍA GALIANA

Si no ha tenido la prevención de reservar a mediodía, es imposible encontrar mesa en Alborada (el aforo ronda los cincuenta comensales). Comidas de negocios, efemérides familiares y degustadores de la buena mesa copan el aforo de un restaurante en alza; merecidamente, cabe agregar, pues el matrimonio Muñoz, Puri y Antonio, siempre se ha significado por una gastronomía sincera, pulcra y luminosa, basada en la calidad del producto y en unos sensatos puntos de cocción.

Se aprecia en los callos con garbanzos (hasta en los callos hay sus más y sus menos) en el corazón de las alubias con perdiz, en el jamón de Cumbres Mayores (Gabriel Castaño, Huelva), en el rancho de marisco que ilustra el expositor (cigala, quisquilla, gamba blanca y roja, almejas), en las huevas de lubina con ajo y perejil, en los suculentos boquerones fritos rellenos de anchoa, en la tersura de las almendras fritas ligeras de sal, en el leve hervor de las espinacas con piñones y pasas.

«La cocina es sencilla» dice David, primogénito de la familia Muñoz, que ha cursado estudios de gastronomía durante tres años en la Escuela de Hostelería y Hostelatge de Barcelona, y realizado prácticas en Hyatt La Manga con Juan Naranjo. Tiene 24 años y las ideas claras cuando precisa: «...es sencilla, pero puede ser muy complicada según el cocinero».

En Alborada es difícil encontrar un hueco en el comedor, pero cabe la opción de comer medias raciones en la barra, escueta y cálida, observando el color de los bonitos en salazón, las croquetas para freir, el chipirón en su tinta relleno de mero y lubina condimentado con perejil y una pizca de ajo, las almejas a la marinera, la ensalada de verduras (pimientos asados, alcachofas, judías...), aperitivos y entrantes resguardados por transparentes campanas.

Las blondas y puntillas que engalanan la panera y ciertos platos se deben a Puri, autora de unos soberbios cordiales y rollos de anís.

Hay armonía en la lubina con chipirones en su tinta sobre lecho de espinacas, apenas hervidas para que guarden su sabor, y buenas intenciones en un foie con crema de patatas. Asignatura obligada es la merluza de Burela, bocado maravilloso donde lo haya. Burela es un pueblo de Lugo frente al mar Cantábrico, en las inmediaciones del cabo Estaca de Bares. Tiene ganada fama por las merluzas que sus marineros capturan en Gran Sol; su carnosidad y peculiar sabor las distinguen del resto.

Con la llegada de David se ha incrementado el capítulo de postres. Comparta el helado de turrón y el de queso con membrillo, semejantes por fuera y distintos por dentro; más denso y sabroso el de turrón, más inmediato el de queso.

Deje un hueco para la repostería tradicional: no renuncie a los precitados rollos de anís. Buen café y envidiable surtido de espirituosos.

ALBORADA
C/Lepanto, 4
Murcia
Tfno: 968 232 323
Precio: 35/45 euros.
Cierra: Cierra do


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