Acabado del plato / LV
Necesitaremos un calabacín grandecito por persona. Los lavamos bien y los cortamos en trozos de unos 5 centímetros. No no, sin pelar. Los freímos ligeramente en una sartén para ablandar la carne, los sacamos, los escurrimos y reservamos el aceite en la sartén. Ahora, ayudados de una cucharilla de café, los vaciamos hasta la mitad y picamos la pulpa muy finamente.
Aprovechamos también para picar muy finamente una cebolleta, y en la sartén que teníamos reservada, pochamos la cebolla. Cuando esté transparente, subimos el fuego y salteamos la pulpa de los calabacines.
Aparte, hemos pelado unas gambas. Necesitaremos dos o tres por cada trozo de calabacín. Con las cabezas y las peladuras hacemos un caldo. Las colas las añadimos a la sartén donde salteamos la pulpa con la cebolla, le damos unas vueltas, salpimentamos. Y ahora el toque final, añadimos una copita de brandy y flambeamos (cuidado con la campana). Los reservamos todo en una fuente.
Hacemos ahora una beluté con el caldo de las cabezas bien colado. Ya saben, una beluté es como una bechamel, pero en vez de leche, utilizamos caldo. Ponemos en una fuente refractaria los trozos de calabacín puestos de pie. Los rellenamos con el salteado que teníamos reservado. Vertemos la beluté por encima, espolvoreamos de queso y lo metemos al horno, con el gratinador a tope, hasta que se tuesten por encima.
Hecho esto, coloquen tres trozos de calabacín en cada plato, distribuyan ligeramente unas gotas de beluté, pinten con unas gotitas de salsa de tomate y dejen caer dos o tres ramas de cebollino... y dejará boquiabiertos a sus comensales.
El día anterior colocamos el trigo en un bol y lo aireamos con las manos mientras soplamos para eliminar el polvillo o pelusilla que tiene. Lo ponemos a remojo hasta el día siguiente (al menos 12 horas). Antes de empezar el guiso, ponemos las almejas
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