Acabado del plato / LV
Para esta receta vamos a utilizar una técnica que ya usaban los romanos... hace 2.000 años, nada menos. Eso es lo que nos ha comunicado el profesor García del Toro, de la Universidad de Murcia, quien afirma que ya se salaban y escabechaban sardinas en Mazarrón hace dos milenios.
Bueno, pues necesitamos cuatro sardinas hermosas por persona. Una vez limpias de vísceras y sin la cabeza, las salamos, las rebozamos en harina y las freímos ligeramente en abundante aceite: unos cuatro cazos soperos. Vamos haciéndolas de pocas en pocas y reservando en una fuente con un papel absorbente.
Hecho esto, añadimos al aceite media cucharadita sopera más de harina, removemos y añadimos un cazo sopero de vinagre y otro de agua. Llevamos a ebullición e incorporamos cuatro hojas de laurel, cuatro dientes de ajo enteros con piel ligeramente aplastados, unos granos de pimienta negra. Dejamos que se haga todo a fuego lento durante media hora aproximadamente.
Pasado este tiempo añadimos a la cazuela las sardinas. Llevamos de nuevo el líquido a ebullición y las dejamos hacerse otros tres minutos. Apartamos la cazuela del fuego y dejamos que se enfríe o por lo menos se temple. Es un escabeche que se come mejor templado. Colocamos cuatro sardinas en cada plato, salseamos ligeramente con el escabeche y decoramos con los dientes de ajo y las hojas de laurel. Y ya tienen un estupendo primer plato o un entrante delicioso.
VARIACIÓN: Ahora bien, si tienen más tiempo y se quieren poner finos, después de freírlas y una vez frías podemos sacarle a las sardinas los lomos. Después actuaremos como hemos dicho. De esta manera, incluso, podríamos servir los lomos de las sardinas sobre unas tostas de pan untadas ligeramente con tomate. Pruébenlo
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