Acabado del plato / LV
Necesitamos un rape hermoso. Pediremos en la pescaderia que nos lo limpien, separando los lomos: pero ojo, que nos pongan aparte las pieles, el cartílago central y la cabeza preparada. El rape da un excelente caldo de pescado y junto con un poco de morrala y una aleta de raya, tendremos para hacer una buena sopa. Pero a lo que vamos. Ya estamos en casa, con nuestro rape.
Colocamos los lomos en una fuente resistente al horno y salpimentamos.
Y vamos con la picada. Picamos muy fino pimiento rojo, un trocito de calabaza y un diente de ajo. Lo unimos todo en un bol junto con miga de pan, la ralladura de la piel de un limón, un pellizco de mejorana seca, otro de eneldo y otro de romero. Se liga bien con un chorrito de aceite, y listo.
A ver, señoras y señores: si no tienen alguno de estos ingredientes, no se preocupen, echen mano de la imaginación: ¿que no hay calabaza? Pues picamos una zanahoria. ¿Que no tenemos mejorana? Pues ponemos albahaca, o no ponemos nada. ¿que nos falta eneldo? Pues ponemos perejil. No pasa nada.
Bueno. Cubrimos los lomos con 3/4 partes de la picada, lo regamos todo con medio vaso de vino blanco y el zumo de un limón y metemos la bandeja al horno, precalentado a 200 grados. Los tendremos ahí 15 minutos. Pasado es tiempo, repartimos el resto de la picada y los tenemos otros 10 minutos. Y el plato está listo.
Ahora tenemos que prepararlo para emplatar. Cortamos los lomos en medallones de un dedo de grosor y los disponemos en los platos al centro. Salseamos con el jugo y la picada y listo.
Variación: Es un plato tan sabroso y tan agradable a la vista que no necesita guarnición alguna. Si aún así quieren acompañarlos con algo, les sugiero una idea: cojan una lata de espárragos, quiíteles el agua. Páselos por pan rallado y fríalos en una sartén con un poco de aceite. Coloque dos en cada plato acompañando los medallones de rape y listo; un delicioso y vistoso plato.
Tambien pueden cortar unos corazones de alcachofa en finas lonchas y freírlas a fuego vivo hasta que queden crujientes. Si se quieren ya poner estupendos, dejen caer así, como al desaire, dos trozos de cebollino y a correr. Perdón, a comer.
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