Acabado del plato / LV
El cabracho se conoce también con el nombre de rascacio colorado, kabrarroka o diablo de mar, debido a su extraño aspecto y a su llamativo color rojo. De la misma familia que el cabracho es la gallineta o cabrilla. Es uno de los pescados que a menudo se asocian con una receta determinada. Y así, es inevitable relacionarlo con el famoso pastel de cabracho. Sin embargo, existen muchos otros modos de disfrutar de este peculiar pescado.
Hoy vamos a hacerlo al horno Pedimos en la pescadería que nos lo limpien y evisceren, pero que nos los dejen enteros. Necesitaremos un par de ejemplares. Los pondremos en una fuente resistente al horno. Los salamos, los regamos con el zumo de un limón, les hacemos unos cores en los lomos donde introduciremos medias rodajas de limón, añadiremos un par de pellizcos de comino y los dejaremos reposar 1 hora.
Mientras tanto, hacemos un majado en el mortero con dos dientes de ajo, un puñado de perejil, un poco de mejorana (o eneldo o romero o nada, según les vaya bien), unos granos de pimienta negra, tres cucharadas de aceite y 1 cucharada de vinagre de vino. Lo desleímos con medio vaso de agua y volcamos el conjunto por encima de los pescados. Metemos la fuente al horno, que estará precalentad a 180 grados y los tendremos entre 35 y 40 minutos. De vez en cuando, abrimos, y con un cucharón recogemos e líquido y bañamos los cabrachos.
Mientras tanto, podemos freír unas rodajas de tomate y confitar unos ajos tiernos a saben, cubiertos de aceite a fuego muy suave).
Y sólo nos queda emplatar. Podemos en cada plato medio cabracho (con o sin cabeza, a gusto del comensal), al lado dos rodajas e tomate con unos ajos tiernos por encima, y salseamos el pescado ligeramente con el jugo de la cocción
CONSEJO
Y ojo: El cabracho posee una carne muy fácil de digerir y muy sabrosa, por lo que estaría recomendado de manera específica para los niños. Sin embargo, contiene muchas espinas que habrá que eliminar para que no lo rechacen y no exista riesgo de accidente. Lo ideal para ellos es desmigar la carne y colocársela encima de las rodajas de tomate a las que habremos quitado la piel.
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