Coja dos tomates por persona, de esos maduros pero firmes y tersos, lávelos córteles la parte superior y resérvela. No no les arranque el rabito verde. Con una cuharilla vacielos de su pulpa.
Haga aparte un arroz blanco. Mezcle el arroz con la pulpa del tomate y añada una buena cantidad de queso rallado. Añada laurel y orégano. Rellene con esto los tomates.
Ponga encima de cada uno una loncha de queso, de cualquir queso que pueda fundirse. Encienda el horno y póngalo a 200 grados
Meta ahora los tomates en una fuente refractaria y téngalos 20 minutos.
Coloque un par de tomates por persona en un plato. El queso se habrá fundido y formado una bonita capa tostada por encima de cada tomate. Coloque el sombrero (ahora entiende por qué no le habíamos quitado el rabito verde) y dibuje en cada plato unos hilos de aceite de oliva al perejil.
Esto es muy sencillo y muy efectivo: antes de ponerse con los tomates, machaque perejil con un par de granos de pimienta negra en el mortero. Deslialo con aceite de oliva, bátalo bien y deje reposar. Tritúrelo con la turmix y ya tiene aceite al perejil.
Variantes
Seguró que alguna vez ha sentido la necesidad de darle un poco de gracia a una carne a la plancha o a un pescado frito o al horno, de ponerle algo de color al plato. Bueno, pues coja unos tomates maduros, córtelos en rodajas de medio centímetro. Ponga un poco de aceite en una sartén y, con el fuego bien fuerte, fría las rodajas.
Cuidado, cuidado, ponga una tapa o va a poner la cocina echa un cirineo y usted se va a pringar hasta las cejas. Separe la sartén, deje que se enfríe un poco el conjunto y con una espátula déle la vuelta a las rodajas para que se hagan bien por el tro lado. Ahora, en la misma sartén, ya templada, separe las pieles, que saldrán solas, elimine los centros más duros y aplaste la pulpa resultante con un tenedor. Salpimente, añada perejil y un poco de acite de oliva en crudo y ya tiene una estupenda salsa de tomate ultrarrápi da.
Otra posibilidad muy vistosa es hacer perfume de tomate. Ralle tomates maduros en un rallador de agujeros grandes. Ponga el resultado en un colador para que se vaya el agua y ponga la pulpa en un bol. Añada buena cantidad de aceite de oliva y, a partir de aquí, haga ese perfume como le dé la gana. Yo le recomiendo que pruebe a añadir azafrán y que lo ponga de base para unos espárragos blancos.
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