Acabado del plato / LV
Necesitamos un pollo campero. Lo cortamos en cuartos y cada cuarto por la mitad. Salpimentamos. Ponemos en una cazuela amplia una mezcla de aceite y manteca de cerdo. Aquí doraremos bien los trozos de pollo. Los vamos sacando y reservando para que suelten el aceite sobrante. En el fondo de la cazuela debe haber quedado una capa dura, pegada, pero ojo: sin quemar.
Picamos ahora una cebolla grande, 3 dientes de ajo y un buen puñado de perejil. Lo ponemos a pochar todo en una sartén con un chorrito de aceite. Cuando la cebolla esté transparente, añadimos 2 pimientos rojos cortados en tiras anchas y ocho rodajas gordas de chorizo. Lo dejamos hacerse 15 minutos.
Ponemos al fuego la cazuela donde hemos dorado los trozos de pollo. Añadimos tres alcachofas cortadas en cuatro partes y poco después, 3-4 tomates maduros muy bien picaditos.. La humedad del tomate levantará la película agarrada el fondo, que contiene todo el sabor. Vamos removiendo bien con una cuchara de madera para ayudar al proceso y cuando se haya reducido la humedad del tomate y el fondo de la cazuela esté limpio, volcamos el sofrito que teníamos en la sartén.
Damos unas vueltas, y añadimos un vaso de vino blanco. Subimos el fuego y dejamos que reduzca el líquido a la mitad. Entonces añadimos los trozos de pollo, una rama de tomillo, cubrimos con agua (mejor si tenemos caldo de ave), lo llevamos a ebullición, bajamos el fuego al mínimo y lo dejamos hacerse unos 50 minutos, aunque conviene que probemos si la carne ya esta tierna.
Y ya está.
Un auténtico plato de fiesta que podemos acompañar con unas patatas asadas o unas patatas paja. Y a mojar, que son dos días.
Naturalmente, esta receta la podemos aplicar a los pollos normales.
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