Acabado del plato / LV
Necesitamos un pollo de kilo y medio. Lo cortamos en trozos medianos. Espolvoreamos con tomillo molido y salpimentamos. Impregnamos de aceite de oliva una fuente de horno y colocamos en ella los trozos de pollo. Los manoseamos bien para que se impregnen también de aceite. Hecho esto, cortamos dos cebolletas en trozos grandes. Troceamos también dos o tres tomates maduros, y dos patatas medianas peladas. Lo colocamos todo en la fuente con el pollo.
Sigamos: añadimos un puñado de piñones, un buen pellizco de perejil muy picado y tres hojas de laurel. Y ahora vamos a darle de beber al pollito: añadimos un vaso de vino blanco, medio vaso de brandy y el zumo de un limón. Metemos la fuente al horno precalentado a 180 grados.
Debemos tenerlo ahí haciéndose hora y media. Eso si, cada 15 o 20 minutos, miraremos e iremos añadiendo agua o caldo para que no se quede seco. Una vez terminado el tiempo de cocción, retiramos y reservamos los trozos de pollo y las patatas.
Los trozos de cebolla y de tomate los pasamos por un chino sobre el caldo que ha quedado con los piñones. Esta salsa la pasamos a un cazo pequeño y dejamos que reduzca y ya está. Serviremos unos trozos de pollo y unas patatas y salsearemos. Un buen trozo de pan de pueblo, una botellita de vino tinto y a gozar
VARIACIÓN: Esta última operación de pasar los trozos de cebolla y tomate y reducir la salsa no es estrictamente necesario. Lo hacemos para darle un toque más fino al plato. Pero podemos servir el pollo directamente de la fuente del horno con sus trocitos de cebolla y tomate medio deshechos a la vista. Por supuesto, podemos variar las verduras que pongamos en la fuente: podemos añadir unos pimientos verdes, o unas tiras de pimiento rojo.. En todo caso, no prescindamos de los tomates, que le aportan jugosidad.
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