Acabado del plato / LV
Necesitamos un muslo de pavo por persona. Los podemos encontrar por parejas en bandejitas en los supermercados. Los salpimentamos y los colocamos en una fuente de horno con un chorrito de aceite de oliva. Pero, antes que nada picaremos muy finamente bastante cebolla tierna: unas tres o cuatro, dependiendo del tamaño.
Pondremos a pochar esta cebolla en una cazuela a fuego muy lento. Debemos tener la cebolla pochándose como una media hora removiendo de vez en cuando. Recuerden un truco: si vemos que se nos va a quemar, añadiremos unas gotas de agua y seguiremos pochando. Entonces añadiremos a la cazuela una buena rodaja de piña (de unos dos dedos de grosor) partida en trozos. Lo tenemos todo en la cazuela otros 15 minutos.
Mientras se nos va haciendo todo esto, metemos los muslos al horno a 200 grados (o a la máxima potencia del horno). Se trata de dorarlos bien para que luego nos queden jugosos. A los 10 minutos volcamos sobre los muslos la cebolla y la piña confitadas, añadimos 16 uvas ?ya saben, las mejores, las del Vinalopó sin pepitas? y 16 aceitunas -de Cieza, claro-. Nos lo podemos ahorrar, pero no estaría mal que las deshuesáramos. Lo agradeceremos depués, en el plato. Regamos con un vaso de vino blanco y otro del caldo.
Bajamos el horno a unos 170 grados y lo dejamos 30 minutos. Los muslitos estarán hechos cuando la carne se haya separado del hueso.
Estamos terminando. Sacamos a una fuente los muslos, las uvas y las aceitunas. El resto del contenido de la bandeja del horno lo pasamos por el chino a una sartén. Si nos ha quedado poco líquido, añadimos caldo. Ligamos la salsa con un poco de maizena diluída en agua fría (esto nos lo podemos evitar, pero cuesta poco trabajo para el resultado que da), devolvemos las aceitunas y las uvas a la salsa y añadimos ocho más de cada. Le damos unas vueltas, emplatamos y salseamos.
Verán la diferencia de sabores y matices que aportan las uvas y las aceitunas cocinadas al horno y las que hemos echado al final. Una gozada.
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