Acabado del plato / LV
Venga, cuchillo cebollero en ristre, delantal a la cintura y picamos en taquitos una pechuga de pollo previamente salpimentada. En una sartén con un poco de aceite salteamos el pollo espolvoreado con un pellizco de hebras de tomillo.
Una vez dorado el pollo, reservamos. En el mismo aceite salteamos una sepia cortada en cuadraditos pequeños. Reservamos también. Y en ese mismo aceite (si es necesario se añade más) pochamos una cebolleta tierna finamente picada durante 10 minutos.
Una vez la cebolla transparente, añadimos medio pimiento rojo pelado y picado, tres dientes de ajo y, tras unas vueltas, un par de tomates pelados y cortados en cuadraditos. Lo dejamos todo a fuego lento, añadiendo un poco de agua, hasta que se evapore todo el líquido y se quede de un tono rojo oscuro. Ese es el momento de añadir el arroz. Ya saben, un puñado por comensal y uno más por si acaso.
Subimos el fuego a tope y removemos bien, añadimos dos bolsas de tinta de calamar diluidas en agua, incorporamos el pollo y la sepia que teníamos reservados y doble cantidad de caldo de pescado que de arroz.
Bajamos el fuego y lo dejamos así 20 minutos sin dejar de remover suavemente. No estamos haciendo una paella. Estamos haciendo un arroz que queremos que quede algo meloso. Así que, ya saben: muñeca y paciencia.
Pasados los veinte minutos, retiramos del fuego, tapamos con un paño limpio y dejamos reposar cinco minutos, así se irá terminando de hacer el arroz. A la hora de emplatar, pasamos por la plancha a unos trozos de sepia del menor grosor posible, los colocamos en un lado del plato espolvoreados con perejil y servimos el arroz negro al lado. Una auténtica delicia.
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