Los murcianos son los epañoles que más invitan a cenar a su pareja con fines sexuales / LV
Todas las especies animales utilizan ritos de apareamiento como método para lograr la conjunción de machos y hembras y asegurar así la perpetuación de la especie. El hombre se separó de Darwin hace ya unas cuantas lunas y desvinculó la coyunda de la procreación, y por tanto, los ritos sexuales de los periodos de fertilidad de las hembras.
Nosotros ya no desplegamos vistosos plumajes, ni berreamos al cielo, o nos rompemos la cornamenta contra otros machos para impresionarlas (bueno, algunos siguen haciendo estas cosas y otras peores), pero en general nos hemos civilizado -humanizado. Ahora, las invitamos a cenar. Si, si, y no de manera desinteresada.
El 54% de los españoles ha invitado a cenar alguna vez a su pareja con fines sexuales, siendo los murcianos los que más emplean esta táctica (el 68%), según los datos de una encuesta sobre ‘Sexo y Gastronomía’ elaborada por una empresa de demoscopia.
Lo que no dice la encuesta es el porcentaje de éxitos que logran estos donjuanes de mesa y mantel, aunque hay quien sostiene que la razón de la entrega de una dama al caballero que le invita a unas ostras con champán, no está tanto en las cualidades afrodisíacas de tan lujosas viandas, sino al grosor de la cuenta corriente que parece sugerir tal dispendio. De hecho, los expertos consideran que no hay evidencia científica de que los alimentos tengan un poder afrodisíaco, aunque algunos de ellos tienen una acción dilatadora y sobre todo de placebo, pues aportan «estética» a la excitación sexual, por su forma –no estoy muy de acuerdo: inviten a su pareja a un simple calabacín y verán lo que son calabazas–, y por el ambiente que crean.
Es más, sólo uno de cada cinco españoles cree en el poder afrodisíaco de algunos alimentos, por sus propiedades para aumentar la capacidad sexual. Esta creencia es más defendida por los jóvenes y pierde intensidad a medida que aumenta la edad de la población. Y es que hay edades en las que no se está para muchas verbenas.
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