Señal de prohibido fumar en la cristalera de un bar / LV
Fumar es un placer genial, sensual, reza un tango español, que solía ser apasionadamente interpretado por nuestra simpar Sarita Montiel. Pasado de moda, claro. Año nuevo, vida nueva. Con la nueva ley antitabaco hay un colectivo para el que este dicho es más cierto que nunca, gracias a la entrada en vigor de la Ley Antitabaco. ¿Los fumadores? Qué va. Los hosteleros.
Vamos, que si usted es propietario de un bar de 120 metros cuadrados lo tiene más crudo que un carpaccio de buey. Y si encima es fumador es muy probable que esté al borde de un ataque de nervios.
Primera cuestión: el tamaño, que aquí sí que importa. ¡Vaya si importa! Lo que pasa es que en este caso, lo importante es o tenerla muy grande, o pequeña. La ley establece que si un establecimiento tiene más de 100 metros cuadrados, debe hacer reformas para crear un reservado para fumadores. Con lo que eso supone en obras, instalación de renovación del aire...etc. Si el local no supera los 100 metros, el propietario podrá elegir entre destinar su establecimiento a fumadores o no fumadores. O sea que a nuestro amigo esos 20 metros cuadrados de más le están haciendo la puñeta. Casi le saldrá más a cuenta ampliar la cocina en esos 20 metros para detraerlos del espacio destinado al público, y así poder elegir. Porque ya me dirán de 120 metros cuadrados de dónde salen dos salas, una para fumadores y otra para no fumadores.
Segunda cuestión: la labor de vigilancia y policía. A nuestro hostelero le podrá caer un puro de considerables proporciones si un cliente le da al pitillo en zona no autorizada. Se puede pasar el día llamandole la atención a los clientes. ¿Y si el cliente persiste en su empeño? Por cierto: ¿y en Las BBC –bodas, bautizos y comuniones–? ¿Quien le dice al padrino que no provoque regalando puros –de los otros–?
En fin, habrá que perseguir a Sarita Montiel por apología cuando canta aquello de dame el humo de tu boca, anda, que así me vuelvo loca.
Locos sí que andan nuestros hosteleros, si.
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