Churros / LV
No entiende uno muy bien el maltrato que sufre el churro en el lenguaje coloquial. «Te ha salido un churro», se afirma de cualquier acto fallido, de cualquier chapuza, como si el pobre churro fuese la quintaesencia de la obra mal hecha. «Los haces como churros», se dice para expresar algo fácil de realizar.
Pues bien, muy a pesar de semejante vituperio, este dulce manjar es uno de los pocos bastiones que resisten frente a la bollería industrial en la preferencia de los paladares infantiles, hecho éste que por sí mismo, debería llevarnos a su veneración. Pero es, además, una receta española, y aunque de origen desconocido, apreciada en todo el mundo.
Objetivo matinal, plato de lujo en los desayunos dominicales, es un producto que ha permanecido inalterable con el paso de los años. Hay quien sostiene que sus inventores fueron unos pastores que no tuvieron dificultades en elaborar la masa de pan, pero al no disponer en el campo de horno para cocerlo, decidieron freír la misma. Y es que el churro no es otra cosa que harina, agua, sal aceite y azúcar, y quizá en su simplicidad esté su capacidad para pervivir en el tiempo.
En las últimas décadas, el churro ha traspasado fronteras y ha llegado a países como los Estados Unidos o Japón, donde se pueden encontrar algún cartel que anuncia: «Churros: Spanish Fried Cruller - 220 yens».
Lejos queda el fuego de carbón, al que sustituyó el butano, los pero los de hierro nadan tienen que ver con las actuales de acero inoxidable, y han desaparecido aquellas ristras de churros ensartados en un junco.
Desde nuestra más tierna infancia están unidos a recuerdos amables, festivos, familiares. El aceite del que surgen huele a ropa de domingo, a misa de doce, a barracas y caballitos, a grasientos y sabrosos cucuruchos de papel. Con el paso de los años y las canas se asocian al descanso, al ocio, al suplemento del domingo de nuestro periódico favorito.
Los churros son una cosa muy seria.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...