Un camarero guarda las sobras de una comida para que sus clientes se la puedan llevar / LV
No mucho tiempo ha este país pasó hambre. Quizá del shock colectivo de tal situación nos hayan quedado algunos tics que se MANIfiestan en nuestro comportamiento cotidiano aún hoy.
En tiempos de escasez no hay sitio para las sobras. Las sobras son la comida. Y con suerte. En tiempos de opulencia, las sobras pue den ser más abundantes que lo que, efectivamente, se come.
De ahí quizá que, como nuevos ricos ni nos hayamos planteado la posibilidad de llevarnos a casa lo que no nos comemos o no nos bebemos en un restaurante, a pesar de haberlo pagado. ¡Qué horror! –nos decimos– ; ¡qué van a pensar de nosotros! Aquí, cuan do uno pide unas sobras siempre dice aquello de «es p’al perro, ¿sabe?», no vaya a pensar nadie que somos unos muertos de ham bre. Y dejamos en el plato estupendos trozos de solomillo con los que no hemos podido, o mediadas botellas de vino de a 3.000 la unidad.
Con la llegada del carné por puntos la cosa se pone peor respecto del vino. ¿Qué hacemos: tomarnos sólo dos copas y dejarle al res taurante el resto de la botella, comer en restaurantes donde sirvan el vino por copas y de cualquier marca?
En Inglaterra existe la figura del «pago por el descorche». Uno puede ir a un RESTAURANTE con su botella debajo del brazo. Paga una pequeña tasa por que se la abran y si sobra, con las mismas se vuelve a su home con la bottle. En EE UU es habitual incluso en la alta sociedad de los grandes restaurantes solicitar que le empaqueten a uno las sobras, y los establecimientos están PREPARADOS para ello. Se cuenta que las actrices de la serie Sexo en Nueva York lo hacen siempre que salen a comer fuera.
Aquí, nuestro sentido del rídículo nos lo impide de momento. Aunque ya hay algún restaurante en Madrid que ofrece tal posibilidad como algo normal. Todo es cuestión de atreverse y empezar a solicitarlo. Con las clavadas que nos meten por ahí, sobre todo con el vino, por lo menos que nos lo podamos apurar tranquilamente en nuestra casa en otro momento. ¿O no?
El día anterior colocamos el trigo en un bol y lo aireamos con las manos mientras soplamos para eliminar el polvillo o pelusilla que tiene. Lo ponemos a remojo hasta el día siguiente (al menos 12 horas). Antes de empezar el guiso, ponemos las almejas
Existen referencias al trigo en la alimentación humana en las tablillas de escritura cuneiforme de la civilización de Sumer, en zonas que hoy ocupa la moderna Irak. Después, el trigo pasó del valle del Nilo a las civilizaciones griega y romana, y de
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...