“Para sobreponerse a la actual situación de crisis es necesario buscar la diferenciación empresarial, buscar nuevos mercados, ofrecer nuevos productos; pero siempre desde la premisa de la calidad. En este sentido es fundamental asumir el reto de la internacionalización, especialmente en países emergentes, ante la certeza de encontrarnos en un contexto extremadamente competitivo y globalizado”. Ese ha sido el punto de partida del Foro Mundial del vino que se ha celebrado en –¿adivinan?–. Justo. En La Rioja. Y sus conclusiones aventuran hacia dónde va a ir la vitivinicultura en el futuro: “La ingeniería genética llamará a la puerta del sector, antes o después; de hecho ya lo está haciendo. En cualquier caso el vino será uno de los últimos alimentos en encontrarse entre los productos transgénicos puesto que no hay que olvidar que este sector cuenta con un valor muy tradicional que sigue pesando en la consideración del consumidor”. Y algunos esperamos que siga pesando, pero de momento, ya asoma la nariz el concepto “transgénico”.
Y siguen las conclusiones: “el vino debe incorporarse, desde un punto de vista del consumidor, a las nuevas tendencias. Un buen ejemplo de ello son los vinos de bajo contenido alcohólico”. O sea, vino sin alcohol, o como diría el otro, un jardín sin flores.
Pero no todo está perdido. El Foro Mundial del Vino también advierte que los nuevos tiempos nos traen nuevos usos y nuevas costumbres. El perfil del consumidor del vino ha variado y hoy la consideración cultural y saludable del mismo ha propiciado un incremento del consumo femenino hasta alcanzar el 45 por ciento del total, alejándose de tópicos como el que a las mujeres les gusta más el vino ligero. También han cambiado las tendencias en cuanto a la adquisición del producto: se incrementa la importancia de la compra en supermercados.
‘In vino veritas’
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