A ver: está claro que si ponemos juntas dos palabras: neurología y márketing, no puede salir nada bueno. Y efectivamente, sale neuromárketing, que no es el estudio de los trastornos transitorios o permanentes que sufren los responsables de estos departamentos, no, sino algo mucho más peligroso. No es sino el aprovechamiento de los descubrimientos de las neurociencias en los procesos de promoción, publicitación y venta de productos y marcas comerciales. O sea, el hambre con las ganas de comer. Gracias a las neurociencias, sabemos que nuestro cerebro nos engaña, nos hace percibir la realidad no tal y como es (¡y como es?) sino reconstruyéndola en nuestra mente según nuestros esquemas de pensamiento. Y sabemos también que en muchas ocasiones las técnicas de marketing nos engañan, están destinadas a que percibamos la realidad desde un prisma determinado: asociando a objetos o servicios, valores o ideales que, en realidad, no tienen nada que ver con ese producto. Si encima resulta que, como está demostrado, el proceso de decisión de compra en nuestro cerebro no dura más allá de 2,5 segundos, pues apaga y vámonos (vámonos corriendo del súper, antes de que hagamos alguna tontería). Un ejemplo: está también demostrado que un producto caro predispone al placer por el simple hecho de serlo. Y, desde luego, lo proporciona, una vez adquirido. Otro : las dos terceras partes de los compradores en un supermercado compran siempre lo mismo, lo que explica que un producto nuevo, por muy ofertado que esté, es prácticamente invisible para ellos. Y un tercero: un buen vino conocido nos sabrá mejor que otro inferior, sin dudarlo, siempre y cuando nos lo den a probar viendo la etiqueta. Si hacemos una cata a ciegas, la decisión se complica.
Pues eso, que si nuestro cerebro, ya ‘per se’ nos engaña, imagínense las técnicas de neuromarketing. Estamos perdidos. O sea, ‘lost’.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...